
Durante el bautizo de Félix, Joana, Yago y Javier jugaban junto al altar sin armar demasiado escándalo, aprovechando que ni siquiera sus madres estaban demasiado atentas a sus juegos, pues la ceremonia absorbía la atención de todos. Claro que de vez en cuando se nos escapaban miradas furtivas, no vaya a ser que... En una de esas, vi a Yago acercar la mano a las rosas blancas que decoraban el pie del altar, mirando a Joana. Yago tiene un año y, aunque habla alto y se hace entender, nunca le he oído formular frases coherentes. Joana pareció cazar la idea al vuelo y yo me temí lo peor. Por seguridad, me observó y, para su sorpresa, topó con mi mirada. Inicié un juego de "noes" con cabeza y dedo, con movimientos contundentes, firmes. No cabía la vacilación. Joana me miraba aún sorprendida y yo seguí no que te no. Se acercó.
- Mamá (susurró).
- No, Joana, no (susurré).
- Mamá (insistió), Yago me ha dicho que soy tan bonita como las rosas.
- ... (callé)
No sabe nada, el buen Yago. Poeta precoz.
ResponderEliminarSuscribo.
ResponderEliminarQué bonita historia! Qué bonito final!
ResponderEliminar¡Que monos!¡Cuanta autoestima tiene Joana!
ResponderEliminarY todo al pie del altar...
ResponderEliminarEs impresionante, tanta belleza. ¿Existes tu?, ¿existe Joana?
ResponderEliminar