- Mamá, ¿sabes con quién quiero casarme yo?
- No, ¿con quién?
- Con Asier.
- Ah, me parece bien. Pero cuando seais mayores.
- Sííí. Cuando Asier sea mayor quiero que me espere a que yo sea mayor para que se case conmigo.
- Ajá...
- Porque, ¿sabes?, es un príncipe, y los príncipes no buscan.
- ¿Qué?
- Los príncipes no buscan a las princesas. Son las princesas las que buscan a los príncipes.
- Ah. No lo sabía. ¿Y por qué?
- Porque si un príncipe buscara a una princesa, pues chocaría con una princesa.
- Ah, ¿por qué?
- Pues porque los príncipes sólo miran hacia adelante pero las princesas van vigilando.
- Ah, visto así...
Busca castillo; yo pongo el dragón.
ResponderEliminarQué agudeza! qué bello! qué capacidad de observación...
ResponderEliminarLlego a la conclusión de que no soy un príncipe pues todavía no me ha encontrado ninguna princesa. Tendré que empezar a buscar yo mismo.
ResponderEliminarHombre, hay princesas y princesas. Y además está Joana.
ResponderEliminarAh, no, Sergio. El dragón ya lo tengo: es de peluche, naranja y simpaticote. El castillo es cosa del príncipe.
ResponderEliminarMarc, ya sabes que es una empresa peligrosa. Joana no tiene mucha fe en los príncipes emprendedores.
Ah, mira, nunca anduve vigilando, jaja
ResponderEliminar