- Y bueno, ¿qué, mamá?, ¿qué has hecho todo este tiempo que yo no he estado?
- ¿En agosto, dices? Pues, mira: me levantaba temprano, bajaba a la universidad a trabajar, comía allí, trabajaba más y volvía a casa cuando ya era de noche.
- ¿Sólo trabajar?
- Pues sí.
- Ay, bueno, qué suerte tienes de que ya he venido yo para que puedas jugar, también, ¿eh?
- Un montón.
¡¡Mucha mucha suerte, Mòmo!! Quién pudiera tener la misma para poder jugar también... :)
ResponderEliminarVerdades como piedras. ¡Qué suerte tenés!
ResponderEliminarAh, me olvidaba: ¡qué foto!
ResponderEliminarEs una gran suerte tener una mamá que quiera jugar
ResponderEliminarQué ocupada y aburrida nuestra vida hasta que volvemos con ellas... Besote para ambas.
ResponderEliminar