He decidido dar una sorpresa a Joana (y a las profesoras, y a las cocineras, y a las alumnas que cuidan del comedor...) y llevármela hoy a comer a casa. Mañana es su cumpleaños y esta es una bonita excusa. Junto al oratorio me detiene una mujer.
- Perdona, ¿eres la madre de Joana?
- Sí.
- ¡Qué divertida es!
- Eee... Sí.
- Estaba yo el otro día allí, en el oratorio, rezando, y la vi frente al crucifijo, muy concentrada. Al rato se me acercó y me dijo "no tenemos motivos para estar tristes".
Vaya, hombre, ya ha vuelto a ponerse mística. La mujer sigue contando:
- ¿Por qué?, le pregunté. ¡Pues porque la sangre es de plastilina!
tan sin palabras, que hay que escribir "sin palabras"...
ResponderEliminarEl razonamiento es un poco aventurado, pero la conclusión es sólida!
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