Voy a intentar una operación a corazón abierto a este blog moribundo. A ver
si le insuflo algo de vida. Siguiendo una tradición familiar, voy a leer la
literatura infantil y juvenil que me recomienden y me apetezca, a fin de poder
recomendar o desaconsejar su lectura a quien pregunte (o a mis hijos, que por
aquello de hijos deben tragar consejos maternos a cucharadas, les apetezca o
no).
Empiezo con
Tania Val de Lumbre.
En realidad, para ser fiel a la tradición, yo debería haberlo leído antes
que Joana. Pero es muy difícil seguirle el ritmo cuando abre un libro. En eso
se parece al terremoto de Val de lumbre. Lo que una busca en los trineos con
volante, la otra lo encuentra en los libros.
Nórdica ha
estrenado su sección infantil con esta novela de la escritora noruega Maria
Parr (en traducción de Cristina Gómez-Baggethun). Todo un acierto.
Tania Val
de Lumbre es un homenaje actual y divertido a un clásico de la literatura
infantil:
Heidi. La protagonista está a punto de cumplir 10 años -un
número importante- y es la única niña de un valle al pie de las montañas. A
falta de niños, su mejor amigo y compañero de proyectos disparatados es
Gunnvald, un viejo que vive solo en la granja vecina. Cuando Gunnvald recibe
una carta, todo se pone patas arriba en la vida de Tania.
Tania es una protagonista cautivadora. Su desparpajo y su sentido del honor atraen
a cualquier lector. Pero uno de los aciertos de Parr ha sido rodearla de
personajes igual de vivos e interesantes. Y no me refiero solo a aquellos con
cierto peso en el desarrollo de los acontecimientos; otros que no hacen más que
asomar la nariz entre las páginas son también personajes coherentes. Para que
un autor consiga que sus personajes vivan más allá de la tinta y del papel, es
necesario que los conozca muy bien y que refrene las ganas de describirlos
exhaustivamente. Debe dejarlos actuar y confiar en que sus actos los definan.
Maria Parr lo logra con creces. Todos sus personajes, además (y eso ya es una
manía lectora adquirida), tienen ese poco o mucho de bondad que los hace más
humanos y, por cierto, menos estereotipados. Tenemos a una anciana que mima su
jardín y que, desde su ventana, vigila con ojo aguileño los caminos. Pero no es
chismosa ni antepone sus flores a las aventuras de los niños. Tenemos a un cartero
atropellado por un exceso de autoestima y velocidad, que acaba “sentado en el
suelo con pinta de cartero arrollado”, pero que solo pregunta con curiosidad si
se trata de uno de los nuevos trineos que Tania y Gunnvald están fabricando.
Incluso Klaus Hagen, el antagonista, es humano y capaz de curar con eficiencia
la rodilla herida de Tania.
Parr ha estructurado la historia en tres partes que bien podrían haberse
llamado
introducción,
nudo y
desenlace, aunque habría sido
menos poético y, por supuesto, menos acertado que "La carta",
"Heidi" y "La música". Cada una de ellas se divide en
varios capítulos no muy largos de título catafórico: "Capítulo 6: En el
que Tania emprende una expedición en busca de tabaco de mascar y acaba metida
en una pelea". Son extensos, son explicativos y, pienso yo, son un muy
buen ejercicio de síntesis de lo que se desarrollará en las siguientes 6 u 8
páginas. Incluso el capítulo 21, "en el que no se puede decir en voz alta
lo que pasa".
Si tuviera que prescindir de algo, acaso eligiría la descripción detallada
de las tías gemelas de Tania. No porque la considere mala ni fuera de lugar. Al
contrario: está bien escrita, en el mismo tono jocoserio del resto del libro y
es pertinente con lo que sabemos de las chicas o de la propia Tania, su familia
o el valle. Solo creo que estas dos jóvenes, modelo de “autoestima y velocidad”
para Tania, están ya tan presentes en todas las acciones de la niña que no es
necesaria esa descripción. Aun así, solo prescindiría de ella si de algo
hubiera de prescindir.
Es una buena historia redonda y amable. Cualquier lector la disfrutará:
niñas de alrededor de 10 años que se identifiquen con Tania, pero también
lectores de cualquier edad que sean capaces de imaginar Val de Lumbre. Una vez
imaginado, la historia se desliza sola, como un trineo con volante.
Maria Parr. Tania Val de Lumbre
(Tonje Glimmerdal, 2009). Madrid: Nórdica, 2015; 228 pp.; col. Nórdica
infantil; ilust. de Zuzanna Celej; trad. de Cristina Gómez-Baggethum;
ISBN: 978-8416440269.
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