11/11/08

amores de supermercado


Para regocijo de su abuela, Joana ha descubierto que le caen muy bien las monjas. Fue lo que se llama amor a primera vista, un flechazo de supermercado.
- Mira, mamá. (Miro) ¿Qué son?
- Son monjas.
- Ah. ¡Eh, monjas! Hola. Yo soy Joana. ¿A que eres mi amiga?
Mientras tanto, yo intento descubrir si este lavavajillas azul que es más barato que el verde pero contiene menos producto, aunque más concentrado, es en efecto la mejor opción de compra. Son ecuaciones complicadas y normalmente inútiles que requieren concentración y tiempo, las dos cosas que no tienes si vas a comprar con niños.
- Vamos, despídete. Tenemos que encontrar la leche.
Las monjas tuercen a la derecha; nosotras, a la izquierda. Pero nos encontramos en el siguiente pasillo, ellas en un extremo, nosotras en el opuesto.
- ¡Mamá, mamá! ¡Las monjas! ¡Eh, monjas! ¡Sois mis mejores amigas!

Siento no poder ofrecer la respuesta de las dos hermanas, pero es que ellas no se atrevieron a gritar ni a saltar con la alegría del reencuentro, aunque sonreían. Pobrecitas, Joana en su congregación sería otra María.

1 comentario:

Pecé dijo...

No estés tan seguro, Mò. ¿Por qué no jamona, después de todo? Mi hermano es cura, y a él lo echaron del cole, y a mí no.