- ¿Cómo ha ido la catequesis, Joana?
- Muy bien. ¿Sabes? Hoy hemos tenido la primera confesión.
- Ah, qué bien. ¿Y qué tal?
- Bien. Primero nos han explicado cómo teníamos que saludar al sacerdote y eso, y luego hemos pasado uno a uno por el confesionario.
- ¿Y no os han dejado un tiempo para pensar en los pecados que ibais a confesar?
- Sí, mamá. Es el examen de conciencia.
- Ah.
- Sí
- ...
- Y, ¿sabes?, mientras pensaba me ha empezado a doler un montón el corazón...
- Ajá.
- Seguro que eso es el dolor de los pecados.
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21/3/13
25/1/13
Yo pido.
Hoy no tengo nada para contar. Hoy sólo pido. Pido oraciones para una niña que ha volado al cielo a encontrarse con su padre. Una niña a la que vi sonreír a Joana y eso, para mí, ya vale un cielo. Su tía, supongo que por afán de protección, no ha querido que se marchara sola en este importante viaje y se ha ido con ella. A su hermano no lo han llevado, porque alguien tiene que quedarse aquí y cuidar de esa madre a quien quisiera abrazar con toda la fuerza de mi alma. Toda se la daría en ese abrazo, y aún sería poca, porque ella se queda aquí, pero imagino que gustosa encadenaría a su niña con los brazos, y los ojos, y el aliento, y las palabras, y la acompañaría para siempre.
Por todos ellos, una oración.
Por todos ellos, una oración.
7/1/13
Primer propósito
Al empezar el año, me planteé un reto; vamos, que hice un propósito: esta noche de Reyes tenía que ser especial para Joana, tenía que disfrutarla al máximo. Ya tiene siete añazos, que se dice pronto. Y sigue tan imaginativa como... siempre, pero creo que en algún momento de los próximos 350 días decidiré que ha llegado la hora de compartir con ella ese secreto maravilloso que ha pasado de padres a hijos generación tras generación. Ya se verá. Por lo pronto, mi propósito de año nuevo era que viviese su mejor noche de reyes.
El día empezó con un cambio importante respecto a años anteriores: íbamos a vivir la cabalgata aquí, en Navarra, no allá, donde siempre. En Pamplona hay mucha gente. Y toda ella asegura que la cabalgata es preciosa. Pero hay mucha gente y a mí no me gustan las multitudes. Pero un propósito es un propósito. A las 15:15 estábamos en el Portal de Francia, esperando la llegada de SS. MM. Joana pudo subirse a la esquina del muro, gracias a la amabilidad de una señora, que compartió con ella su espacio, y de su marido, que a ras de suelo hacía las veces de mensajero entre ella y nosotros: agua y galletas, sobre todo. Aguantamos como rocas en una tormenta los embates de los rezagados y con la paciencia de Job aguardamos hasta las 16:45. Llegaron SS. MM., encontraron la puerta de la ciudad cerrada, se dieron a conocer y entraron, precedidos de músicos, abanderados, pajes a caballo y pajes a pie y qué sé yo cuánta gente más. Cuando por fin se acercaban, yo también me subí al muro, detrás de Joana. Pasó Melchor y ella gritó vítores a su paso. Pasó Gaspar y ella lanzó besos al aire. Llegó baltasar, haciendo equilibrios sobre su montura para acariciar las manos que desde todos lados se tendían hacia él. Joana enloqueció. Llamaba a Baltasar con su brazo extendido, con su cuerpo basculando sobre el borde del muro, la emoción tanto rato contenida estallaba ahora en gritos eufóricos y lágrimas a duras penas contenidas. En cuanto Baltasar dobló la esquina, consiguió recuperar parte de su calma, aunque le quedó colgando en la comisura del labio una sonrisa bobalicona.
En el último momento, habíamos decidido cambiar la fastuosa cabalgata pamplonica por otra más sencilla en Puente la Reina. No podíamos perder tiempo. Al coche, a casa a buscar la carta y después a Puente.
- Joana, si te apetece, puedes ponerte el vestido medieval que tanto te gusta. ¿Quieres?
- ¡Sí!
Allí nos esperaban tíos y primos. Los Reyes llegaron desde el puente que da nombre al pueblo en sus pequeñas y elegantes carrozas. Los niños iban siguiendo la carroza de su devoción en filas desordenadas. Un par de pajes los ayudaban a subir de uno en uno o de dos en dos para que se acercaran al Rey Mago, le entregaran su carta y conversaran un momento con él. Joana, claro, subió a ver a Baltasar.
La cabalgata finalizó en la iglesia. Antes de que SS. MM. entraran para ocupar sus puestos y adorar al Niño, todos los esperábamos ya dentro. Me llevé un momento a Joana al fondo para tranquilizarla, porque hacía un momento nos había perdido de vista y se había puesto nerviosa. Estábamos cerca del gran portalón de madera cuando entró Baltasar. Sólo pude decir mira, Joana. Corrió al encuentro del rey negro y se abrazó a él en medio del templo.
¿Quién dice que los propósitos de año nuevo nunca se cumplen?
PD: Yo no pude sacar esta foto. Una desconocida supo observar, se dio cuenta de qué ocurría y disparó su cámara. Esta mañana he recibido un correo que decía que es la mejor foto que tomó esa noche. Gracias, Teresa.
El día empezó con un cambio importante respecto a años anteriores: íbamos a vivir la cabalgata aquí, en Navarra, no allá, donde siempre. En Pamplona hay mucha gente. Y toda ella asegura que la cabalgata es preciosa. Pero hay mucha gente y a mí no me gustan las multitudes. Pero un propósito es un propósito. A las 15:15 estábamos en el Portal de Francia, esperando la llegada de SS. MM. Joana pudo subirse a la esquina del muro, gracias a la amabilidad de una señora, que compartió con ella su espacio, y de su marido, que a ras de suelo hacía las veces de mensajero entre ella y nosotros: agua y galletas, sobre todo. Aguantamos como rocas en una tormenta los embates de los rezagados y con la paciencia de Job aguardamos hasta las 16:45. Llegaron SS. MM., encontraron la puerta de la ciudad cerrada, se dieron a conocer y entraron, precedidos de músicos, abanderados, pajes a caballo y pajes a pie y qué sé yo cuánta gente más. Cuando por fin se acercaban, yo también me subí al muro, detrás de Joana. Pasó Melchor y ella gritó vítores a su paso. Pasó Gaspar y ella lanzó besos al aire. Llegó baltasar, haciendo equilibrios sobre su montura para acariciar las manos que desde todos lados se tendían hacia él. Joana enloqueció. Llamaba a Baltasar con su brazo extendido, con su cuerpo basculando sobre el borde del muro, la emoción tanto rato contenida estallaba ahora en gritos eufóricos y lágrimas a duras penas contenidas. En cuanto Baltasar dobló la esquina, consiguió recuperar parte de su calma, aunque le quedó colgando en la comisura del labio una sonrisa bobalicona.
En el último momento, habíamos decidido cambiar la fastuosa cabalgata pamplonica por otra más sencilla en Puente la Reina. No podíamos perder tiempo. Al coche, a casa a buscar la carta y después a Puente.
- Joana, si te apetece, puedes ponerte el vestido medieval que tanto te gusta. ¿Quieres?
- ¡Sí!
Allí nos esperaban tíos y primos. Los Reyes llegaron desde el puente que da nombre al pueblo en sus pequeñas y elegantes carrozas. Los niños iban siguiendo la carroza de su devoción en filas desordenadas. Un par de pajes los ayudaban a subir de uno en uno o de dos en dos para que se acercaran al Rey Mago, le entregaran su carta y conversaran un momento con él. Joana, claro, subió a ver a Baltasar.
La cabalgata finalizó en la iglesia. Antes de que SS. MM. entraran para ocupar sus puestos y adorar al Niño, todos los esperábamos ya dentro. Me llevé un momento a Joana al fondo para tranquilizarla, porque hacía un momento nos había perdido de vista y se había puesto nerviosa. Estábamos cerca del gran portalón de madera cuando entró Baltasar. Sólo pude decir mira, Joana. Corrió al encuentro del rey negro y se abrazó a él en medio del templo.
¿Quién dice que los propósitos de año nuevo nunca se cumplen?
PD: Yo no pude sacar esta foto. Una desconocida supo observar, se dio cuenta de qué ocurría y disparó su cámara. Esta mañana he recibido un correo que decía que es la mejor foto que tomó esa noche. Gracias, Teresa.
5/10/12
No es respeto, es amor
Hace muchos años, como dicen los cuentos -incluso los que son reales-, Jesús predicó el amor al prójimo, sin distinción de clanes ni oficios ni cargos oficiales.
Hoy lo llamamos atención a la diversidad y parece que lo hemos inventado. Pero a pesar de nuestras palabras grandilocuentes, seguimos atendiendo a la diversidad señalándola. Una amiga dedicada a ayudar al prójimo me comentaba, como de pasada, que sigue habiendo mucho racismo; no sabes las veces que me llaman para ofrecerme un trabajo de empleada del hogar y me remarcan "pero no me mandes a una negra; es que asusta a los niños, ¿sabes?".
Los niños no se asustan. Los niños observan, imitan, aprenden.
Este verano Joana ha pasado diez días en Kenia con su familia. Su tío se ha casado con una chica keniana. Durante la boda, de rito católico pero oficiada en inglés y amenizada con multitud de cantos en suahili, ella estuvo sentada junto a la madre de la novia y a otras dos niñas que formaban parte del cortejo nupcial. Su padre y yo, y sus abuelos y tíos y tía, estábamos al otro lado del pasillo. Se aburrió un poco, claro, pero se mantuvo formal y en silencio. Luego, en la celebración, bailó como la que más y por la noche cayó rendida en su cama.
Esta tarde, mientras caminábamos hacia casa, de vuelta del cole, nos hemos cruzado con unos vecinos árabes: el padre, sus dos chiquillas y su pequeño, también de vuelta del cole, a juzgar por la de mochilas que cargaba el pobre señor. Cuando nos han adelantado, después de saludar, Joana me ha comentado, emocionada:
- Mamá, no sé por qué, pero me acaba de venir un soplo de olor de Kenia que...
Y ha puesto los ojos en blanco, como quien recuerda el sabor de un delicioso pastel.
3/10/11
Duda metódica
Joana habla por teléfono con su abuela. Le cuenta cómo ha empezado el curso, qué le gusta, qué le disgusta, qué le aburre.
- No sé, abuela, yo esperaba que nos pusieran un video de jesús. O al menos que contaran una historia...
- [...]
- Bueno, pero es que yo quiero que me expliquen cosas que no entiendo.
- [...]
- Pues por ejemplo cómo fue de verdad lo de Adán y Eva.
- [...]
- Pues que no me creo eso de la fruta envenenada y la serpiente, ¡una serpiente que habla!
Aquí se cortó la comunicación, así que no sé cómo termina la historia, pero reconozco que para una vez que no soy la víctima en sus preguntas enrevesadas, me acobardé y me hice la dormida.
11/7/11
Obligar a Dios

El año en que iba a entrar a formar parte de la Escolanía de Montserrat, a mi tío le diagnosticaron un tumor en el cerebro. Los médicos lo abrieron con intención de operar, de cumplir con su juramento hipocrático, pero cerraron sin haber tocado nada. No había nada que hacer: no podía operarse. Mi abuelo quiso llevarse a su hijo a casa; si tenía que morir, mejor que ocurriera en casa.
Las casa de mis abuelos colindaba con una escuela de monjas dominicas, donde mi abuela estudió de niña. También estudiaban allí mi tío y mi padre. Mientras duró el ingreso, todos los días profesoras y alumnos rezaban por la salud de mi tío, pidiendo la intercesión del beato Coll (que necesitaba cumplir su cupo de milagros para llegar a santo). Mi padre, que entonces era muy pequeño, recuerda el orgullo que sentía porque en estas oraciones comunitarias dejaban que él ocupara la primera fila.
Mi bisabuela tenía una prima, la hermana Josefina, con quien se había criado y que durante la guerra entregó su vida por amor a Dios*. Las monjas dominicas de Monte-Sión, de las que ella era priora, cedieron con gusto su reliquia a mi abuela, que la colocó bajo la almohada del niño enfermo, mientras pedían la intercesión de sor Josefina por su pequeño pariente.
Por supuesto, también en Montserrat andaban rezando para que la Moreneta devolviera la salud a su monaguillo sin estrenar.
Quien más quien menos, todos en el pueblo -y fuera de él- tenían a su santo de cabecera y le pedían por la vida de mi tío.
Los médicos dieron largas a mi abuelo para que se llevara al niño: tenía que comer, pero no toleraba ni sólido ni líquido. A los pocos días dijo a su madre que tenía sed. Ella se mostró animada, ¿qué quieres? No sé, un zumo de naranja. La madre preparó el zumo, la cucharilla para dárselo y la jofaina para el previsible vómito. Pero el niño tomó una, dos, tres, diez cucharadas y no devolvió. Ella advirtió a los médicos.
Otra vez el niño se sometió a una intervención: volvieron a abrirle la cabeza. El tumor ya no estaba allí. Había desaparecido.
Sin preguntarle nada, mi abuela comenta: fuimos a agradecer a todos sus oraciones. Cada uno atribuía el milagro a la intercesión de su santo. Pero, ¿sabes qué creo yo? Que esta vez Dios se sintió obligado. Debió de pensar: "¿quién es este por el que todos me piden? Anda, no se hable más. Curado".
Hoy pretendo obligar a Dios a realizar otro milagro. Otro de mis tíos está en cama, en manos de médicos que también buscan curarlo. Adonde ellos no lleguen, hagamos que llegue Dios. Pido a cada cual según su conciencia: tanto me vale un pensamiento como un padrenuestro. Gracias.
* La beata Josefina Sauleda Paulís es una de los 498 mártires beatificados en Roma el 28 de octubre de 2007.
20/2/11
Al asalto de don Carlos
- ¡Don Carlos! Tengo un problema.
Don Carlos es el sacerdote del colegio, el que de vez en cuando va a su clase y les cuenta historias de Jesús o de la Biblia. De vez en cuando nos lo cruzamos a la salida del cole y, últimemente, Joana ha tomado la costumbre de abordarlo con preguntas... difíciles. Sí, sí. Casi seguro que yo he sido la incitadora cuando alguna vez he respondido a sus preguntas con un "mira, Joana, eso es mejor que se lo preguntes al sacerdote". Son los problemas de una relación sincera: escurrir el bulto se escucha como una propuesta.
Don Carlos ya ha tenido que enfrentarse a los dilemas teológicos de Joana dos o tres veces esta semana. Se gira para saludarnos, pero en su sonrisa me ha parecido ver un leve temblor.
- Dime, Joana.
- Don Carlos, es que, mira, es que tengo un problema.
- Sí, dime.
- Es que no entiendo que, mira, no entiendo que hay mucha gente, y muchas personas, pero al principio solo había dos, ¿no? Y resulta que Dios es muy bueno y siempre nos perdona, ¿no? Pero a ellos dos los echó de casa. No lo entiendo.
La conversación termina aquí. Esta vez, don Carlos escurrió el bulto y le dijo que se lo explicaría cuando fuera mayor. Paciencia.
* La camiseta -tan acertada- fue cosa de los reyes majos, que conocen muy bien a Joana.
8/2/11
Crisis de fe
Al salir del colegio, solemos pasar por delante del oratorio.
- Venga, Joana, despídete de Jesús y vamos a casa.
Ella obedece, pero al salir comenta:
- ¡Y qué más da, si Jesús no existe!
- ¿Quién te ha dicho eso?
Siempre damos por supuesto -yo, al menos, suelo hacerlo- que palabrotas e ideas de bombero no nacen en las mentes de nuestros hijos por generación espontánea. Pero a veces nos equivocamos.
- ¿Sabes por qué lo digo? Yo le pedía...
- ¿Quién te lo ha dicho?
Y si no nos damos cuenta, es en gran parte por nuestra tozudez.
- Nadie. Pero no existe.
- A ver, ¿por qué lo dices?
- Antes le he pedido que me tocara salir a dibujar una forma, ¡y nada!
- Bueno.
- ¿Bueno? No. Yo se lo he pedido, ¡y nada de nada!
En fin, para que nadie se alarme contaré que la crisis de fe ha durado unos 200 o 300 metros. Hemos analizado juntas las diferencias entre Jesús y el genio de la lámpara, y parece que Joana ha quedado satisfecha.
- Venga, Joana, despídete de Jesús y vamos a casa.
Ella obedece, pero al salir comenta:
- ¡Y qué más da, si Jesús no existe!
- ¿Quién te ha dicho eso?
Siempre damos por supuesto -yo, al menos, suelo hacerlo- que palabrotas e ideas de bombero no nacen en las mentes de nuestros hijos por generación espontánea. Pero a veces nos equivocamos.
- ¿Sabes por qué lo digo? Yo le pedía...
- ¿Quién te lo ha dicho?
Y si no nos damos cuenta, es en gran parte por nuestra tozudez.
- Nadie. Pero no existe.
- A ver, ¿por qué lo dices?
- Antes le he pedido que me tocara salir a dibujar una forma, ¡y nada!
- Bueno.
- ¿Bueno? No. Yo se lo he pedido, ¡y nada de nada!
En fin, para que nadie se alarme contaré que la crisis de fe ha durado unos 200 o 300 metros. Hemos analizado juntas las diferencias entre Jesús y el genio de la lámpara, y parece que Joana ha quedado satisfecha.
19/1/11
Como decía ayer...

G. y A. llegaron de Caracas a nuestra casa el 9 de diciembre. Ella tenía que defender su tesis doctoral, y esa es una excusa tan buena como cualquier otra para ver a los amigos. A nosotros, los adultos, nos trajeron un libro grande, pesado, duro, hermoso y repleto de fotos de Venezuela, para ver si nos convencían para devolverles la visita. A Joana le trajeron un libro chiquito, delgado, blando. Creo que al ver el título se me escapó un "¡ah!" emocionado: Píntame angelitos negros. "¡La canción de Machín!" -en lo que a música se refiere, mis hermanos y yo hemos disfrutado de una infancia muy carrozona-. G. me explicó: "¿Qué? ¿Quién? No, no. Se trata de un poema muy famoso del poeta venezolano Andrés Eloy Blanco". (A veces, G. parece la encarnación de wikipedia). Me moría por leerlo, pero supe contenerme.
- Anda, léeselo tú.
Y mientras G. leía, Joana y yo disfrutábamos escuchando su acento cantarín y meloso. La noche siguiente se lo leí yo porque Joana me lo pidió. Y después su abuelo, que ya había llegado. Y creo que también lo leyó ella sola alguna vez.
La canción de Machín se basa en este poema, pero acortó los versos y limó venezolanismos. Una lástima. He aquí un fragmento:
Si queda un pintor de santos,
si queda un pintor de cielos,
que haga el cielo de mi tierra,
con los tonos de mi pueblo,
con su ángel de perla fina,
con su ángel de medio pelo,
con sus ángeles catires,
con sus ángeles morenos,
con sus angelitos blancos,
con sus angelitos indios,
con sus angelitos negros,
que vayan comiendo mango
por las barriadas del cielo.
Y, claro, Joana decidió ser este pintor en cuanto tuvo oportunidad. Y pintó, junto a la Virgen blanca, un ángel negro. Con esto, por lo menos, deberían convalidarle EpC.
PD: En cuanto consiga el dibujo, lo comparto.
10/1/11
El regreso
Bueno, está claro que me he tomado unas largas vacaciones. Algunos me lo han echado en cara con un trágico: ¡hace más de un mes que no escribes! Y qué queréis: vacaciones son vacaciones. Pero Joana no ha estado inactiva. Intentaré ir poniéndome al día, pero que no se extrañe nadie si la felicitación navideña llega en Semana Santa. Tampoco sería tan raro. De hecho, llevo en la cartera (antes en la vieja, pero ahora, después de recibir la amable visita de SS.MM., en la nueva) un dibujo que me hizo Joana un domingo de hace dos años, en la parte desaprovechada de un billete de tren. Es un resumen de la fe católica: es el nacimiento, pero en lugar de dibujar a Jesús niño recostado en el Belén, lo dibujó muerto en la cruz, entre su padre y su Madre. Tal vez un teólogo me reprocharía que falta la promesa de Resurrección, pero vamos a ver, ¿cómo no va a haber esperanza en el dibujo de una niña de tres años?
Pues os dejo esto hasta mañana, si Dios quiere.
Pues os dejo esto hasta mañana, si Dios quiere.
14/7/10
Sólo hay que saber pedir
Y aún hay quien cree que los milagros no existen.
El domingo nos fuimos de excursión, para celebrar que estábamos casi todos juntos (sólo faltaban dos hermanos intermedios). Desde Sant Llorenç de la Muga tomamos un camino -una brecha ascendente que más o menos se intuía entre los árboles- hacia la ermita de san Jorge (sant Jordi). Sólo una vez en mi vida he sufrido más calor: viviendo en Perú, tuve que cruzar la frontera varias veces por cuestiones de burocracia. En una de estas, por falta de tiempo, elegí la más cercana y me fui a Macará (Ecuador). Poco tiempo antes, había leído La increíble caminata, y tuve la certeza de que para formar el desierto del Gobi, Dios se había inspirado en Macará.
Pues bien, la ascensión a la ermita del santo caballero le iba a la zaga en lo tocante a aire caliente irrespirable y sol abrasador. Sombra, poquita. Trozos llanos, menos. El error fatal, como siempre, fue humano: olvidamos traer agua. La sed quemaba las gargantas de todos, pero la que más lo sufría era Joana. En mi ignorancia, alimentaba su esperanza de que tal vez un poco más arriba encontraríamos una fuente de agua fresca. Pero no hubo fuente.
- Mamá. Voy a pedirle a Jesús que me envíe agua, que tengo mucha sed.
- Claro, Joana. Pide para todos.
Mientras tanto, Ferran (caracterizado entre los hermanos como el sabio loco), intentaba asustar a los vampiros y exploraba todos los rincones del pequeño templo.
- ¡Mirad!
Nos giramos por inercia, sin ganas. Pero la sorpresa fue de brinco y grito. Allí estaba Ferran, bajo el arco de la puerta, sosteniendo una garrafa de cinco litros de agua.
- ¡¿De dónde has sacado eso?!
- Estaba ahí.
- Igual es de la limpieza...
- Tal vez tenga lejía...
- O puede que sea agua bendita...
- ¡Quiero agua!
- Espera, Joana, déjame probarla primero.
Era buena. Excepcional.
15/6/10
Ya no hay boda
Después de toda una vida -cinco años es toda una vida- preocupada por cómo, cuándo y con quién se casará (ahora caigo en que nunca me ha hablado de dónde; será que el lugar no importa), de golpe, sin avisar, se ha vuelto mística.
- Mamá, yo ya no me voy a casar con Kuba, ¿sabes?
- ¿Ah, no?
Respondo distraída, como siempre. Y es que no aprendo. Sus preguntas más inocentes suelen acabar en los cerros de Úbeda. Y yo empantanada.
- No. Porque en realidad yo me casaré con Jesús. Y cuando me muera, viviré en el cielo con Jesús y tendremos nuestra casa en el cielo.
- ¿Eh?... Pero... No tengas prisa en morirte, tampoco.
- ¿Por qué?
Ya me he recuperado.
- Porque me quedaría sola. Te echaría mucho de menos.
- Vale.
29/5/10
Con la Trinidad hemos topado
Trabajamos la una al lado de la otra, con la ventana de la cocina abierta para que corra un poco de aire. Yo preparo ejercicios de religión por encargo de una editorial, ella dibuja y pinta en su cuaderno de actividades. Son sus deberes.
- Mamá, ¿la primera fue la... la Núria? Pero la Núria de la Virgen María.
- ¿La primera de qué?
- La primera de la tierra. ¿Fue la...? ¿Cómo se llamaba?
- ¿La abuela de Jesús?
- Sí.
- Ana.
- ¿Fue la primera?
- No. Los primeros fueron... Ya lo sabes, ¿no?
- ¿Dan y Eva?
- Sí.
- ¿Y quiénes eran sus padres?
- Nadie. Los creó Dios.
- ¿Cuándo Dios estaba en el pueblo?
- Bueno... Sí.
- Pero entonces, si Dios estaba en el pueblo, antes fue María, y antes Ana, ¿no?
Por suerte para mí, se distrae con un soplo de aire y olvida la pregunta que me acaba de hacer...
6/5/10
Todos
Ha llegado mayo, el mes de María, y todas las noches repito con Joana el ritual que yo aprendí de mis padres. Rezamos ante un icono de la Virgen, peregrinamos mental o espiritualmente a alguno de los santuarios marianos de Cataluña y pedimos a la Madre de Dios, porque pedir es lo que hacen los hijos: subir al cielo cuando llegue nuestra hora, vivir en paz y tranquilidad y...
- ¿y?
- Y que ella cuide del abuelo, la abuela, de ti y de mí, de Enric, Maria, Marc, Ferran, Nico y Mercy.
- Y de Andrea y de su familia.
- Sí.
- Y también de los malos.
- Vale, para que sean buenos.
- Y también de mi papá, donde esté.
- ...Y también de tu papá.
27/4/10
Devoción catalana para el 27 de abril
20/4/10
Conversaciones de sobremesa

- Mamá, ¿sabes?, te estoy preparando un regalo súper chulo en el cole.
- ¿Ah, sí? ¡Qué ilusión! ¿Para el día de la madre?
- Sí. ¿Te digo lo que es?
- ¿Y estropearme la sorpresa? No, no.
- Vale. Pero te puedo decir lo que le diremos a la Virgen María.
- Vale, pero después de cenar.
- ...
- ...
- Mamá, pero, es que cuando fue el día del padre, no le rezamos nada a san José.
- Bueno, pero todas las noches tú te acuerdas de él en tus oraciones y le dices que sea tu compañero y te guarde.
- ¿Ah, sí?
- Sí. Además, yo creo que a ti san José te cuida de un modo especial.
- ¿Por qué?
- Bueno, él hizo de papá para Jesús, y sabe que a ti también te hace falta un papá, así que desde el cielo te cuida como un padre.
- Y, mamá, ¿podré hablarle en catalán?
* La imagen es del Greco, San josé con el Niño Jesús, y se encuentra -creo- en la capilla de san José de Toledo.
30/3/10
Vivir la pasión
- Mamá, ¿sabes qué he soñado hoy?
- ¿Qué?
- ¡He soñado con la Biblia!
- ¿Ah, sí?
- ¡Y yo estaba en la Biblia! Y cada vez que le hacían algo a Jesús...
Niega con la cabeza, mirándome con su expresión más triste.
- ¿Y lo ayudabas?
- Sí. -Otra vez se anima.- Yo le decía: Jesús, tú reza a tú Dios, que yo me encargo de esto. Y yo me encargaba.
- ¿Te encargabas?
- Sí, pero no los mataba ni les daba puños, ¿eh? No. Yo les hablaba y les decía: a ver, Jesús es bueeeeno; no tenéis que pegarle ni hacerle daño. Tenéis que ser bueeeeenos. Y luego ellos me hacían preguntas: ¿Se puede pegar? Noooo. ¿Tenemos que dejarlo en paz? Sí.
- Ah, qué bien.
- Sí. Y al final, ¡lo desclavaban!
29/3/10
Nos preparamos (más o menos)
- Tomad todos y bebed de él.
- ¿Dónde has oído eso, Joana?
- Ah, nos lo ha contado Celia en el cole.
- Ah. Qué bien. ¿Y qué más os ha contado?
- Pues la historia de Jesús.
- ¿Y recuerdas cuándo dijo eso?
- Sí: en la última comida con los apostoles...
(No he olvidado la tilde; ella allanó la esdrújula)
- Sí. La última cena.
- Sí, porque después lo mataron.
- Sí.
- Sí. Y él decía Padre mío... No: Jesús. Bueno, o Jesús o Padre mío, no me acuerdo. Pero no importa porque es lo mismo.
- Hombre, lo mismo... Decía Padre mío, porque Jesús era él.
- Ah, pues Padre mío, perdona a estos que me clavan en la cruz, porque no saben lo que hacen.
- Sí, eso decía.
- Pero, ¿sabes?, en la cruz cuando lo clavaron había también unos ladrones y uno era bueno y les decía a los otros: ¿por qué le decís esas cosas malas? Porque era bueno y entonces...
- Pero, ¿quién era bueno?
- Ese, el rey de las judías, pero Jesús no: el otro.
8/3/10
una historia de amor
En nuestra parroquia, cerca de la puerta de entrada, un monaguillo limosnero recibe a los fieles. A fuerza de verlo ahí, quieto sobre su peana, la mayoría no le presta demasiada atención; sólo los niños y algunas ancianas hacen repiquetear alguna vez su caja de madera. Pero él sigue sonriendo y esperando.
A Joana le gusta ocupar el banco que queda justo detrás del monaguillo. A mí me parece bien: ni demasiado lejos como para olvidar dónde está, ni demasiado cerca como para robarle el protagonismo al sacerdote.
Se ha traído un libro. Así, se entretiene en silencio mientras el sacerdote habla o la grey responde. Pero el libro termina demasiado pronto. Joana se levanta y se pone a mi lado, delante de mí, al otro lado, sobre mis rodillas. La siento a mi lado y la miro con cara de "estate un poco quieta, por favor". Lo entiende.
Aguanta un par de minutos sentada. Descubre que entre nuestro banco y el monaguillo limosnero existe un espacio diminuto por el que tal vez pueda pasar. Se sube a la peana, abrazada al monaguillo y empieza a rodearlo, pasito a pasito, buscando quedar frente a él. La veo, claro, pero la peana y la figura entera me parecen suficientemente pesadas como para no temer el barullo de una caída aparatosa. La dejo hacer. Ahora ya está frente al monaguillo. Subida a su mismo pedestal de madera quedan casi a la misma altura, aunque el monaguillo es un poco más alto. Por eso, Joana tiene que alzar un poco los brazos para enlazar su cuello. Y así abrazada le planta un beso en los labios y, como una heroina romántica, baja el escalón y vuelve tranquila a mi lado.
Y por un momento da la sensación de que al monaguillo se le salen los colores.
4/3/10
Ansia
- Mamá, ¿por qué hay tantos cielos?
- No hay tantos, Joana. Hay sólo uno.
- ¿Y por qué está en todas partes?
- Pues... porque cubre toda la tierra.
(Vale, no es una respuesta muy lograda, pero es que a veces me pilla por sorpresa.)
- Mamá, yo quisiera romper el cielo en pedazos.
- ¿Y eso? ¿Por qué?
- Pues para ver a Dios.
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