Algunas madres tienen el defecto de pensar, de creer, que sus hijos son más listos que nadie. Si lo sabré yo, que tengo los chavales más listos del mundo. Pero a veces es falta de perspectiva.
Sus hermanos han enseñado a Patxi a jugar a "veo veo" y, como es muy listo, lo ha pillado enseguida y se ha aficionado. De camino a casa, sola con Ana, que se ha dormido mecida por el runrún del coche, y con Patxi, es una buena opción para entretenernos.
- Mamá, jugamos al veo veo.
- Vale. Empie...
- Veo veo.
- ¿Qué ves?
- Una cosita.
- ¿De qué color es?
- Marrón.
- Los árboles.
- No.
- Las hojas del suelo.
- No.
- Ese cartel.
- No.
- Tu caballo.
- ¡Sí! Ahora tú.
- Veo veo.
- ¿Qué ves?
- Una cosita de color...
- ¡Marrón!
- No. Azul.
- No. Marrón. Yo.
-Patxi, es mi turno, he dicho...
- Veo veo.
- Vale... ¿Qué ves?
- ¡Marrón!
- Mmmm. ¿Tu caballo?
- ¡Sí! Te toca.
- Veo veo.
- Ahora yo. Veo veo.
Y no sigo, por no aburrir. Pero, en resumen, nunca llegó mi turno y todo era marrón.
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25/4/17
27/6/15
Hermandad
Esta mañana Joana se ha ido de campamento por primera vez.
Hasta esta mañana, vivía emocionada la espera.
Pero esta mañana no sabía si quería irse. "Mamá, no sé qué me pasa, pero me duele todo". "Mamá, esta noche he tenido una pesadilla, me he levantado y he dejado esta nota en la pizarra para mis hermanos; ¿se la leerás, por favor?". "Papá..." (abraaaaazo muuuuy laaaargo).
Ahora ya se ha ido y seguro que lo está pasando genial.
Ahora yo la echo de menos.
Y no soy la única.
- ¡Mamá! ¡Veeen!
- No grites. Voy. Dime. ¿Qué ocurre?
- He escrito una nota. Mira.
- Ya veo. ¿Y qué dice?
- Dice: "Joana, te quiero y no quería que te fueras lejos".
La segunda vez que se lo he preguntado, decía que quería ir con Joana. A buen entendedor, sobran explicaciones.
Hasta esta mañana, vivía emocionada la espera.
Pero esta mañana no sabía si quería irse. "Mamá, no sé qué me pasa, pero me duele todo". "Mamá, esta noche he tenido una pesadilla, me he levantado y he dejado esta nota en la pizarra para mis hermanos; ¿se la leerás, por favor?". "Papá..." (abraaaaazo muuuuy laaaargo).
Ahora ya se ha ido y seguro que lo está pasando genial.
Ahora yo la echo de menos.
Y no soy la única.
- ¡Mamá! ¡Veeen!
- No grites. Voy. Dime. ¿Qué ocurre?
- He escrito una nota. Mira.
- Ya veo. ¿Y qué dice?
- Dice: "Joana, te quiero y no quería que te fueras lejos".
La segunda vez que se lo he preguntado, decía que quería ir con Joana. A buen entendedor, sobran explicaciones.
5/9/14
Donde las dan, las toman (estoy refranera)
Manel ayuda a su abuelo en la cocina. Manel mete la mano donde no debe. Manel no atiende a advertencias. La mano regordeta y demasiado curiosa de Manel recibe un cariñoso manotazo del abuelo.
- ¡Voy a buscar a la policía!
- ¿Qué dices?
- ¡Voy a buscar a la policía y te llevarán a tú y te encerrarán!
Al abuelo se le escapa la risa. Manel finje seriedad y corre hacia la puerta de entrada.
- ¡Policía, policía!
Manel regresa corriendo hacia el abuelo, transformado en un sonoro coche de policía.
- ¡Ni-no-ni-no-ni-no-ni-no-ni-no!
Su mano, la agredida, se prende de la muñeca del abuelo como una tenaza.
- ¡Ya está! ¡Ha venido la policía!
Por fortuna, la policía ha sido indulgente y todo ha quedado en una advertencia escandalosa.
- ¡Voy a buscar a la policía!
- ¿Qué dices?
- ¡Voy a buscar a la policía y te llevarán a tú y te encerrarán!
Al abuelo se le escapa la risa. Manel finje seriedad y corre hacia la puerta de entrada.
- ¡Policía, policía!
Manel regresa corriendo hacia el abuelo, transformado en un sonoro coche de policía.
- ¡Ni-no-ni-no-ni-no-ni-no-ni-no!
Su mano, la agredida, se prende de la muñeca del abuelo como una tenaza.
- ¡Ya está! ¡Ha venido la policía!
4/9/14
A buen entendedor, pocas palabras bastan
Bueno, esto va a parecer la resurrección de Lázaro, cuando menos. Pero no, el blog no llegó a morir; sólo agonizó durante unos meses. Ahora se ha recuperado. Y, como cualquier convaleciente, vuelve renovado de las puertas de la muerte.
Su nueva bomba de oxígeno (que no sustituye, pero complementa) se llama Manel y aún no tiene 3 años.
No tiene la labia de Joana a su edad. De hecho, el comentario más habitual en respuesta a su verborrea es ¿qué ha dicho? Pero la convivencia -o el instinto, no sé- todo lo puede. Yo le entiendo. Y su padre, a veces. Y su hermana mayor, casi sempre. En beneficio del amable lector, transcribo lo que entiendo, no lo que chapurrea.
El sábado nos fuimos de excursión. La intención era subir al Turó de l'home, en el Montseny. Dada la diferente capacidad rampante de los excursionistas, era evidente que el grupo no se mantendría unido. Mandamos por delante a los abuelos, los tíos, la sobrina (en mochila) y a Joana. Los rezagados siempre supimos que no llegaríamos a la cima.
Manel enseguida descubrió la emoción de encontrar ramas desprendidas y troncos secos y probar su capacidad bastonil. En los márgenes del camino, además de palos y hojarasca, asomaban setas vistosas de diferente color. Me invadió ese no-sé-qué aleccionador que insufla la sabiduría casera.
- Mira, Manel. Setas.
- ¡Oh, setas!
- Sí. ¿Sabes qué ocurre con las setas? Algo curioso. Algunas son buenas y están muy ricas...
- A mí gustan mucho setas.
- No lo dudo. Pero hay otras que no son buenas, que te darían dolor de tripa. Por eso, si vemos una seta que no conocemos, no debemos tocarla, ¿vale?
- Vale.
- ¿Entendido?
- Sí.
- Esta seta morada, ¿la conocemos?
- No.
- ¿Hay que tocarla?
- No.
Y ya iba a ponerme en marcha otra vez, con el pecho henchido, cuando...
- Espera, mamá.
- ¿Qué ocurre?
- Espera. ¿Cómo te llamas? Mamá, se llama Maña. Ahora ya la conocemos. ¿Ya puedo tocarla?
Su nueva bomba de oxígeno (que no sustituye, pero complementa) se llama Manel y aún no tiene 3 años.
No tiene la labia de Joana a su edad. De hecho, el comentario más habitual en respuesta a su verborrea es ¿qué ha dicho? Pero la convivencia -o el instinto, no sé- todo lo puede. Yo le entiendo. Y su padre, a veces. Y su hermana mayor, casi sempre. En beneficio del amable lector, transcribo lo que entiendo, no lo que chapurrea.
El sábado nos fuimos de excursión. La intención era subir al Turó de l'home, en el Montseny. Dada la diferente capacidad rampante de los excursionistas, era evidente que el grupo no se mantendría unido. Mandamos por delante a los abuelos, los tíos, la sobrina (en mochila) y a Joana. Los rezagados siempre supimos que no llegaríamos a la cima.
Manel enseguida descubrió la emoción de encontrar ramas desprendidas y troncos secos y probar su capacidad bastonil. En los márgenes del camino, además de palos y hojarasca, asomaban setas vistosas de diferente color. Me invadió ese no-sé-qué aleccionador que insufla la sabiduría casera.
- Mira, Manel. Setas.
- ¡Oh, setas!
- Sí. ¿Sabes qué ocurre con las setas? Algo curioso. Algunas son buenas y están muy ricas...
- A mí gustan mucho setas.
- No lo dudo. Pero hay otras que no son buenas, que te darían dolor de tripa. Por eso, si vemos una seta que no conocemos, no debemos tocarla, ¿vale?
- Vale.
- ¿Entendido?
- Sí.
- Esta seta morada, ¿la conocemos?
- No.
- ¿Hay que tocarla?
- No.
Y ya iba a ponerme en marcha otra vez, con el pecho henchido, cuando...
- Espera, mamá.
- ¿Qué ocurre?
- Espera. ¿Cómo te llamas? Mamá, se llama Maña. Ahora ya la conocemos. ¿Ya puedo tocarla?
| Esta no es Maña, pero es que el diálogo se repitió varias veces. |
| Esta sí es Maña. |
23/1/14
Un motivo
Estamos cenando. Hoy hay silencio. A veces pasa.
- Mamá, ¿te has preguntado alguna vez por qué estás en el mundo?
Ante mí se abre un mundo de posibilidades: a) "Se te enfría la sopa". Pero no estoy enfadada ni cenamos sopa. b) "Sí, pero nunca he logrado responder satisfactoriamente a ello". Ni siquiera yo soy tan pedante. c) "No. Carpe diem". El hippismo a su debido tiempo. d) "Supongo que para contribuir con mi granito de arena a que el mundo sea un lugar mejor". Me atragantaría a la tercera palabra. e)...
- Yo lo sé.
¡Anda!
Joana aparta de mí su mirada, yo bajo de las nubes. Íñigo mira su plato, come, luego a nosotras. ¿Se dará cuenta de que queremos que continúe?
- ¿Qué sabes?
- Sé por qué estás tú. Para empezar, para que mamá y yo nos conociéramos.
Ha dicho "para empezar", pero no ha habido más. Y así, entre cucharada y cucharada, nos ha cepillado con un poco de vida toda nuestra filosofía.
- Mamá, ¿te has preguntado alguna vez por qué estás en el mundo?
Ante mí se abre un mundo de posibilidades: a) "Se te enfría la sopa". Pero no estoy enfadada ni cenamos sopa. b) "Sí, pero nunca he logrado responder satisfactoriamente a ello". Ni siquiera yo soy tan pedante. c) "No. Carpe diem". El hippismo a su debido tiempo. d) "Supongo que para contribuir con mi granito de arena a que el mundo sea un lugar mejor". Me atragantaría a la tercera palabra. e)...
- Yo lo sé.
¡Anda!
Joana aparta de mí su mirada, yo bajo de las nubes. Íñigo mira su plato, come, luego a nosotras. ¿Se dará cuenta de que queremos que continúe?
- ¿Qué sabes?
- Sé por qué estás tú. Para empezar, para que mamá y yo nos conociéramos.
Ha dicho "para empezar", pero no ha habido más. Y así, entre cucharada y cucharada, nos ha cepillado con un poco de vida toda nuestra filosofía.
5/12/13
En Roma, II
Después de mirar y remirar el Panteón, deambulamos. Creo que deambular ha sido nuestra actividad principal en Roma. Y no tiene nada que ver con que yo olvidara nuestra ruta bien planificada en casa. Deambular es bonito, es tranquilo, es pausado. Te permite detenerte en una esquina para descubrir una fuente que dispara un chorro mágico si taponas el orificio natural del grifo. O ante una ventana adornada con un león que se come una piña (están locos estos romanos...). O descubrir el Parlamento y la columna de Marco Aurelio y un montón de obeliscos coleccionables.
Intentamos leer la historia de la columna, pero la letra era demasiado pequeña, así que Joana fotografió una parte para intentarlo más tarde, y listo.
Y llegamos a los pies de la escalinata de Plaza España.
- ¿Cuántos escalones habrá, Joana?
- No sé, ¿cuántos?
- Ni idea. Cuenta.
- Vale.
Y se lanzó escaleras arriba. La seguíamos con la mirada mientras ascendía, concentrada. Luego la perdimos en el segundo recodo. Como un cazador al acecho, adelanté mi mirada a sus pasos y esperé a que apareciera en lo alto, saludara e iniciara el descenso, pero pasaban los segundos (eso serían, aunque se alargaban como los metros finales de un maratón) y no la veía. Las manos se me aferraban al cochecito en que dormía Manel, porque si lo soltaba volaría sobre los escalones, buscando debajo de cada piedra, detrás de cada turista. Íñigo me contemplaba, con Eugenia sonriéndole desde la mochila, e interrogaba mi ansiedad. De vez en cuando también lanzaba miradas a la monstruosa escalera que se había tragado a nuestra niña.
- ¡Mira!
Joana bajaba tranquila. Ya no concentrada, sino abstraíada. Llegó hasta nosotros.
- Ya está.
- Pensaba que saludarías desde arriba.
- Y he saludado.
- Ah.
No me dedicaré a la caza. No me importa, tampoco tenía vocación.
- ¿Y cuántos escalones hay?
- Ciento cuarenta y ocho.
* Las fotos sin Joana son de Joana. La huella en Roma queda para mañana.
Intentamos leer la historia de la columna, pero la letra era demasiado pequeña, así que Joana fotografió una parte para intentarlo más tarde, y listo.
Y llegamos a los pies de la escalinata de Plaza España.
- ¿Cuántos escalones habrá, Joana?
- No sé, ¿cuántos?
- Ni idea. Cuenta.
- Vale.
Y se lanzó escaleras arriba. La seguíamos con la mirada mientras ascendía, concentrada. Luego la perdimos en el segundo recodo. Como un cazador al acecho, adelanté mi mirada a sus pasos y esperé a que apareciera en lo alto, saludara e iniciara el descenso, pero pasaban los segundos (eso serían, aunque se alargaban como los metros finales de un maratón) y no la veía. Las manos se me aferraban al cochecito en que dormía Manel, porque si lo soltaba volaría sobre los escalones, buscando debajo de cada piedra, detrás de cada turista. Íñigo me contemplaba, con Eugenia sonriéndole desde la mochila, e interrogaba mi ansiedad. De vez en cuando también lanzaba miradas a la monstruosa escalera que se había tragado a nuestra niña.
- ¡Mira!
Joana bajaba tranquila. Ya no concentrada, sino abstraíada. Llegó hasta nosotros.
- Ya está.
- Pensaba que saludarías desde arriba.
- Y he saludado.
- Ah.
No me dedicaré a la caza. No me importa, tampoco tenía vocación.
- ¿Y cuántos escalones hay?
- Ciento cuarenta y ocho.
* Las fotos sin Joana son de Joana. La huella en Roma queda para mañana.
4/12/13
En Roma, I
Hay que coger la ocasión por las guedejas, ya lo advertía Alciato.
Y nosotros, que somos muy obedientes, la pillamos al vuelo. Y volando nos fuimos a Roma.
Roma es abrumadora. Viajamos con una niña de ojos voraces, pero con la capacidad de atención propia de sus ocho años, con un terremoto de dos años y una pequeña déspota de siete meses. Había que programar un poco la visita para la ciudad eterna no se le atragantara a nadie: no querer verlo todo, respetar los ritmos infantiles, ayudar a mirar, a descubrir, volver interesante cualquier ruta, saber improvisar, no perder los nervios.
Con la ayuda de una guía de Roma que encontré por internet -y que resultó ser un tesoro oculto-, planifiqué bien los seis días. Luego olvidé el plan en casa.
Joana está estudiando algo de la antigua Roma en el colegio, así que ya partía emocionada. Le preparamos una libreta con algunas actividades relacionadas con lo que pretendíamos ver y con varias páginas en las que escribir lo que se le antojara. Su abuela le prestó una cámara de fotos para que documentara los hallazgos.
Descubrió el Panteón.
Primero se plantó frente al edificio, con mi teléfono y sus auriculares, a escuchar lo que le contaba la guía. No sé qué entendería, pero lo que la impresionó (porque lo repitió en su libreta y en un par de postales) es que, aunque parezca que hay un montón de columnas, solo hay cinco filas. Ni idea de lo que quiere decir.
Dentro, quedó maravillada con la cúpula y el sistema de cuadrados vacíos para aligerar el peso. Pero, como buena linguista, lo que sacó en claro me lo confesó después, caminando:
- Mamá, ¿sabes qué significa Panteón?
- Dime.
- Que estaba dedicado a todos los dioses.
- Sí, ¿sabes por qué?
Y, bueno, no os voy a aburrir con lecciones de arquología léxica, pero a ella le entusiasmó el descubrimiento.
Mañana, los escalones de Plaza España y nuestra huella en los adoquines de Roma.
Y nosotros, que somos muy obedientes, la pillamos al vuelo. Y volando nos fuimos a Roma.
Roma es abrumadora. Viajamos con una niña de ojos voraces, pero con la capacidad de atención propia de sus ocho años, con un terremoto de dos años y una pequeña déspota de siete meses. Había que programar un poco la visita para la ciudad eterna no se le atragantara a nadie: no querer verlo todo, respetar los ritmos infantiles, ayudar a mirar, a descubrir, volver interesante cualquier ruta, saber improvisar, no perder los nervios.
Con la ayuda de una guía de Roma que encontré por internet -y que resultó ser un tesoro oculto-, planifiqué bien los seis días. Luego olvidé el plan en casa.
Joana está estudiando algo de la antigua Roma en el colegio, así que ya partía emocionada. Le preparamos una libreta con algunas actividades relacionadas con lo que pretendíamos ver y con varias páginas en las que escribir lo que se le antojara. Su abuela le prestó una cámara de fotos para que documentara los hallazgos.
Descubrió el Panteón.
Primero se plantó frente al edificio, con mi teléfono y sus auriculares, a escuchar lo que le contaba la guía. No sé qué entendería, pero lo que la impresionó (porque lo repitió en su libreta y en un par de postales) es que, aunque parezca que hay un montón de columnas, solo hay cinco filas. Ni idea de lo que quiere decir.
Dentro, quedó maravillada con la cúpula y el sistema de cuadrados vacíos para aligerar el peso. Pero, como buena linguista, lo que sacó en claro me lo confesó después, caminando:
- Mamá, ¿sabes qué significa Panteón?
- Dime.
- Que estaba dedicado a todos los dioses.
- Sí, ¿sabes por qué?
Y, bueno, no os voy a aburrir con lecciones de arquología léxica, pero a ella le entusiasmó el descubrimiento.
Mañana, los escalones de Plaza España y nuestra huella en los adoquines de Roma.
4/11/13
casi suena a despedida
Este blog empieza a estar desnutrido. Joana se hace mayor y supongo que yo también y nuestras conversaciones, alimento principal de esta página, no tienen la frescura de hace unos años. Algunas son peleas a las que no me parece justo dar publicidad, tanto por respetar la intimidad de Joana como porque en muchos casos me doy cuenta luego de lo que debería haber hecho o dicho y que habría sido más eficaz que el grito. Otras de nuestras charlas son sólo demasiado íntimas. Y otras veces es sólo culpa mía, incapaz de dejar lo urgente para atender lo importante: detenerme y observarla. Y verla crecer.
6/8/13
Siete leguas
Y es que Joana se está haciendo mayor. Ya hace algún tiempo que lo vengo sospechando, pero la prueba definitiva me ha estallado este verano.
- Mamá, esto es muy gracioso. ¿Puedo leértelo?
¡Bum!
¿Joana me lee párrafos que le gustan? De golpe y porrazo he saltado sobre decenas de años con botas de siete leguas. Me he acordado de mi abuelo, que decía que pasó de ser "el hijo de..." a ser "el padre de...". Y es que quien me leía párrafos graciosos era mi padre. Casi exclusivamente de libros de P. G. Wodehouse, que le hacían retorcerse de risa cuando leía para sí y tropezar e interrumpirse y contenerse a duras penas cuando leía para mí. Al principio, intentó leerle a mi madre, pero su mirada azorada, de profana en el absurdo humor inglés, enseguida lo lanzaron a buscar público más dispuesto. Entonces aparecía en mi cama, interrumpía mi lectura para pedirme permiso con palabras salpicadas de risas, se sentaba y empezaba a leer.
Ahora, de vez en cuando, mi padre me llama por teléfono, sobre todo en verano, que es su época preferida para leer a Wodehouse, y me lee por teléfono algo que a duras penas entiendo, pero de todos modos me hace reír.
Y ahora Joana me lee párrafos que le gustan. La risa, de momento, no interrumpe su lectura, pero todo se andará.
11/3/13
Y fue
Posponía yo la conversación escudada en buscar un modo de afrontarla. Pero ayer, mientras ella jugaba en el ordenador y yo recogía los juguetes de su hermano, volvió a la carga. No me miró para preguntarme. Creo que la duda volvió a su mente -ya la había formulado semanas atrás- y le pareció lógico plantearla. Yo también le daba la espalda, entretenida en adivinar si este rectángulo de madera es parte de un dominó o de un juego de construcciones.
- Mamá, no lo entiendo. Si tú tienes los ojos verdes, ¿por qué yo tengo los ojos marrones?
Creo que una de las destrezas que se adquieren con la maternidad es la de reconocer el momento adecuado.
- Termina lo que estés haciendo y nos sentamos en el sofá y te lo explico, ¿de acuerdo?
- Vale.
La vez anterior que formuló esta misma pregunta, su padre y yo nos salimos por la tangente: él tiene los ojos marrones; duda resuelta. Pero está claro que no la convencimos.
Primero, con un gráfico muy chusco, le expliqué la cuestión genética que determina el color de ojos. Lo entendió.
- Pero entonces, mamá, lo que no entiendo es que si yo nací cuando eras tú sola, ¿cómo puedo tener los ojos marrones?
- A eso voy.
Y le expliqué que yo no la tuve sola. Que eso no es posible. Que siempre intervienen dos: hombre y mujer. Que, como en todo, las cosas pueden hacerse bien o mal. Que yo alteré un poco el orden correcto. Que la otra persona implicada no se vio preparada para asumir la paternidad. Que yo decidí ser padre y madre. Que hay que saber ser responsable. Y que, cinco años después, tuvimos la suerte de encontrar a su padre.
- ¿Y sabes qué fue lo primero que hizo después de que nos casáramos?
Joana sonríe y señala mi tripa abultada.
- Pues no. Antes.
- ¿Decirme que yo era su hija?
- Sí, pero no solo a ti. Fue a decírselo a un juez para que lo supiera todo el mundo y nadie lo dudara jamás. Que él era tu padre para siempre y que tú eras su hija para siempre.
El abrazo que me dio no puedo describirlo.
- Mamá, no lo entiendo. Si tú tienes los ojos verdes, ¿por qué yo tengo los ojos marrones?
Creo que una de las destrezas que se adquieren con la maternidad es la de reconocer el momento adecuado.
- Termina lo que estés haciendo y nos sentamos en el sofá y te lo explico, ¿de acuerdo?
- Vale.
La vez anterior que formuló esta misma pregunta, su padre y yo nos salimos por la tangente: él tiene los ojos marrones; duda resuelta. Pero está claro que no la convencimos.
Primero, con un gráfico muy chusco, le expliqué la cuestión genética que determina el color de ojos. Lo entendió.
- Pero entonces, mamá, lo que no entiendo es que si yo nací cuando eras tú sola, ¿cómo puedo tener los ojos marrones?
- A eso voy.
Y le expliqué que yo no la tuve sola. Que eso no es posible. Que siempre intervienen dos: hombre y mujer. Que, como en todo, las cosas pueden hacerse bien o mal. Que yo alteré un poco el orden correcto. Que la otra persona implicada no se vio preparada para asumir la paternidad. Que yo decidí ser padre y madre. Que hay que saber ser responsable. Y que, cinco años después, tuvimos la suerte de encontrar a su padre.
- ¿Y sabes qué fue lo primero que hizo después de que nos casáramos?
Joana sonríe y señala mi tripa abultada.
- Pues no. Antes.
- ¿Decirme que yo era su hija?
- Sí, pero no solo a ti. Fue a decírselo a un juez para que lo supiera todo el mundo y nadie lo dudara jamás. Que él era tu padre para siempre y que tú eras su hija para siempre.
El abrazo que me dio no puedo describirlo.
27/2/13
Hay conversación a la vista
- ¿Y es niño o niña? -me pregunta la recepcionista del hotel.
Joana se me adelanta.
- No lo sabemos. No lo queremos saber. Queremos que sea sorpresa.
Sonrío, para confirmar la afirmación.
- ¿Sorpresa? ¡Qué bonito!
- Tú también puedes, ¿sabes? Digo, eso de que sea sorpresa.
La chica se turba por un momento, pero luego ríe y responde.
- Bueno, puede que más adelante. De momento no hay ningún bebé aquí.
- Quién sabe. Yo nací sin padre, ¿sabes? Yo creo que en una de estas mi abuelo se equivocó y en lugar de poner una semilla en mi abuela, la puso en mi madre.
¡Ay!
¿Quién le habrá dicho nada de semillas? Aunque bueno, eso no es ahora lo que me preocupa. El comentario tiene toda la inocencia y la candidez de sus siete años, pero, claro...
Hace un par de años, en uno de esos cursos para padres (en los que, según mi cuñado, te demuestran con teoría y ejemplos lo mal que lo estás haciendo) Jokin de Irala comentó que en ciertos temas controvertidos, como puede ser el sexo, es mejor llegar un año antes que un minuto tarde, porque todo lo que no les expliquemos lo aprenderán en algún otro lado.
Joana tiene sólo siete años. Tengo bastante claro que debo hablar con ella, aunque todavía no sé cómo. Sigo pensando.
Joana se me adelanta.
- No lo sabemos. No lo queremos saber. Queremos que sea sorpresa.
Sonrío, para confirmar la afirmación.
- ¿Sorpresa? ¡Qué bonito!
- Tú también puedes, ¿sabes? Digo, eso de que sea sorpresa.
La chica se turba por un momento, pero luego ríe y responde.
- Bueno, puede que más adelante. De momento no hay ningún bebé aquí.
- Quién sabe. Yo nací sin padre, ¿sabes? Yo creo que en una de estas mi abuelo se equivocó y en lugar de poner una semilla en mi abuela, la puso en mi madre.
¡Ay!
¿Quién le habrá dicho nada de semillas? Aunque bueno, eso no es ahora lo que me preocupa. El comentario tiene toda la inocencia y la candidez de sus siete años, pero, claro...
Hace un par de años, en uno de esos cursos para padres (en los que, según mi cuñado, te demuestran con teoría y ejemplos lo mal que lo estás haciendo) Jokin de Irala comentó que en ciertos temas controvertidos, como puede ser el sexo, es mejor llegar un año antes que un minuto tarde, porque todo lo que no les expliquemos lo aprenderán en algún otro lado.
Joana tiene sólo siete años. Tengo bastante claro que debo hablar con ella, aunque todavía no sé cómo. Sigo pensando.
7/1/13
Primer propósito
Al empezar el año, me planteé un reto; vamos, que hice un propósito: esta noche de Reyes tenía que ser especial para Joana, tenía que disfrutarla al máximo. Ya tiene siete añazos, que se dice pronto. Y sigue tan imaginativa como... siempre, pero creo que en algún momento de los próximos 350 días decidiré que ha llegado la hora de compartir con ella ese secreto maravilloso que ha pasado de padres a hijos generación tras generación. Ya se verá. Por lo pronto, mi propósito de año nuevo era que viviese su mejor noche de reyes.
El día empezó con un cambio importante respecto a años anteriores: íbamos a vivir la cabalgata aquí, en Navarra, no allá, donde siempre. En Pamplona hay mucha gente. Y toda ella asegura que la cabalgata es preciosa. Pero hay mucha gente y a mí no me gustan las multitudes. Pero un propósito es un propósito. A las 15:15 estábamos en el Portal de Francia, esperando la llegada de SS. MM. Joana pudo subirse a la esquina del muro, gracias a la amabilidad de una señora, que compartió con ella su espacio, y de su marido, que a ras de suelo hacía las veces de mensajero entre ella y nosotros: agua y galletas, sobre todo. Aguantamos como rocas en una tormenta los embates de los rezagados y con la paciencia de Job aguardamos hasta las 16:45. Llegaron SS. MM., encontraron la puerta de la ciudad cerrada, se dieron a conocer y entraron, precedidos de músicos, abanderados, pajes a caballo y pajes a pie y qué sé yo cuánta gente más. Cuando por fin se acercaban, yo también me subí al muro, detrás de Joana. Pasó Melchor y ella gritó vítores a su paso. Pasó Gaspar y ella lanzó besos al aire. Llegó baltasar, haciendo equilibrios sobre su montura para acariciar las manos que desde todos lados se tendían hacia él. Joana enloqueció. Llamaba a Baltasar con su brazo extendido, con su cuerpo basculando sobre el borde del muro, la emoción tanto rato contenida estallaba ahora en gritos eufóricos y lágrimas a duras penas contenidas. En cuanto Baltasar dobló la esquina, consiguió recuperar parte de su calma, aunque le quedó colgando en la comisura del labio una sonrisa bobalicona.
En el último momento, habíamos decidido cambiar la fastuosa cabalgata pamplonica por otra más sencilla en Puente la Reina. No podíamos perder tiempo. Al coche, a casa a buscar la carta y después a Puente.
- Joana, si te apetece, puedes ponerte el vestido medieval que tanto te gusta. ¿Quieres?
- ¡Sí!
Allí nos esperaban tíos y primos. Los Reyes llegaron desde el puente que da nombre al pueblo en sus pequeñas y elegantes carrozas. Los niños iban siguiendo la carroza de su devoción en filas desordenadas. Un par de pajes los ayudaban a subir de uno en uno o de dos en dos para que se acercaran al Rey Mago, le entregaran su carta y conversaran un momento con él. Joana, claro, subió a ver a Baltasar.
La cabalgata finalizó en la iglesia. Antes de que SS. MM. entraran para ocupar sus puestos y adorar al Niño, todos los esperábamos ya dentro. Me llevé un momento a Joana al fondo para tranquilizarla, porque hacía un momento nos había perdido de vista y se había puesto nerviosa. Estábamos cerca del gran portalón de madera cuando entró Baltasar. Sólo pude decir mira, Joana. Corrió al encuentro del rey negro y se abrazó a él en medio del templo.
¿Quién dice que los propósitos de año nuevo nunca se cumplen?
PD: Yo no pude sacar esta foto. Una desconocida supo observar, se dio cuenta de qué ocurría y disparó su cámara. Esta mañana he recibido un correo que decía que es la mejor foto que tomó esa noche. Gracias, Teresa.
El día empezó con un cambio importante respecto a años anteriores: íbamos a vivir la cabalgata aquí, en Navarra, no allá, donde siempre. En Pamplona hay mucha gente. Y toda ella asegura que la cabalgata es preciosa. Pero hay mucha gente y a mí no me gustan las multitudes. Pero un propósito es un propósito. A las 15:15 estábamos en el Portal de Francia, esperando la llegada de SS. MM. Joana pudo subirse a la esquina del muro, gracias a la amabilidad de una señora, que compartió con ella su espacio, y de su marido, que a ras de suelo hacía las veces de mensajero entre ella y nosotros: agua y galletas, sobre todo. Aguantamos como rocas en una tormenta los embates de los rezagados y con la paciencia de Job aguardamos hasta las 16:45. Llegaron SS. MM., encontraron la puerta de la ciudad cerrada, se dieron a conocer y entraron, precedidos de músicos, abanderados, pajes a caballo y pajes a pie y qué sé yo cuánta gente más. Cuando por fin se acercaban, yo también me subí al muro, detrás de Joana. Pasó Melchor y ella gritó vítores a su paso. Pasó Gaspar y ella lanzó besos al aire. Llegó baltasar, haciendo equilibrios sobre su montura para acariciar las manos que desde todos lados se tendían hacia él. Joana enloqueció. Llamaba a Baltasar con su brazo extendido, con su cuerpo basculando sobre el borde del muro, la emoción tanto rato contenida estallaba ahora en gritos eufóricos y lágrimas a duras penas contenidas. En cuanto Baltasar dobló la esquina, consiguió recuperar parte de su calma, aunque le quedó colgando en la comisura del labio una sonrisa bobalicona.
En el último momento, habíamos decidido cambiar la fastuosa cabalgata pamplonica por otra más sencilla en Puente la Reina. No podíamos perder tiempo. Al coche, a casa a buscar la carta y después a Puente.
- Joana, si te apetece, puedes ponerte el vestido medieval que tanto te gusta. ¿Quieres?
- ¡Sí!
Allí nos esperaban tíos y primos. Los Reyes llegaron desde el puente que da nombre al pueblo en sus pequeñas y elegantes carrozas. Los niños iban siguiendo la carroza de su devoción en filas desordenadas. Un par de pajes los ayudaban a subir de uno en uno o de dos en dos para que se acercaran al Rey Mago, le entregaran su carta y conversaran un momento con él. Joana, claro, subió a ver a Baltasar.
La cabalgata finalizó en la iglesia. Antes de que SS. MM. entraran para ocupar sus puestos y adorar al Niño, todos los esperábamos ya dentro. Me llevé un momento a Joana al fondo para tranquilizarla, porque hacía un momento nos había perdido de vista y se había puesto nerviosa. Estábamos cerca del gran portalón de madera cuando entró Baltasar. Sólo pude decir mira, Joana. Corrió al encuentro del rey negro y se abrazó a él en medio del templo.
¿Quién dice que los propósitos de año nuevo nunca se cumplen?
PD: Yo no pude sacar esta foto. Una desconocida supo observar, se dio cuenta de qué ocurría y disparó su cámara. Esta mañana he recibido un correo que decía que es la mejor foto que tomó esa noche. Gracias, Teresa.
5/10/12
No es respeto, es amor
Hace muchos años, como dicen los cuentos -incluso los que son reales-, Jesús predicó el amor al prójimo, sin distinción de clanes ni oficios ni cargos oficiales.
Hoy lo llamamos atención a la diversidad y parece que lo hemos inventado. Pero a pesar de nuestras palabras grandilocuentes, seguimos atendiendo a la diversidad señalándola. Una amiga dedicada a ayudar al prójimo me comentaba, como de pasada, que sigue habiendo mucho racismo; no sabes las veces que me llaman para ofrecerme un trabajo de empleada del hogar y me remarcan "pero no me mandes a una negra; es que asusta a los niños, ¿sabes?".
Los niños no se asustan. Los niños observan, imitan, aprenden.
Este verano Joana ha pasado diez días en Kenia con su familia. Su tío se ha casado con una chica keniana. Durante la boda, de rito católico pero oficiada en inglés y amenizada con multitud de cantos en suahili, ella estuvo sentada junto a la madre de la novia y a otras dos niñas que formaban parte del cortejo nupcial. Su padre y yo, y sus abuelos y tíos y tía, estábamos al otro lado del pasillo. Se aburrió un poco, claro, pero se mantuvo formal y en silencio. Luego, en la celebración, bailó como la que más y por la noche cayó rendida en su cama.
Esta tarde, mientras caminábamos hacia casa, de vuelta del cole, nos hemos cruzado con unos vecinos árabes: el padre, sus dos chiquillas y su pequeño, también de vuelta del cole, a juzgar por la de mochilas que cargaba el pobre señor. Cuando nos han adelantado, después de saludar, Joana me ha comentado, emocionada:
- Mamá, no sé por qué, pero me acaba de venir un soplo de olor de Kenia que...
Y ha puesto los ojos en blanco, como quien recuerda el sabor de un delicioso pastel.
23/7/12
Una carta
Ayuntamiento de Estella
Alcalde
PASEO LA INMACULADA 1 PASEO INMACULADA (LA) 1
31200 ESTELLA
Navarra
España
Zizur Mayor, 23 julio 2012
Asunto: Estoy encantadísima con la semana medieval
Estimado alcalde,
Quiero enviarle una felicitación por algo que he visto recientemente y que está relacionado con su publicidad e imagen.
Me llamo Joana y tengo 7 años. El miércoles estuve con mis padres, mi hermanito y mi primo Nicolás en la semana medieval. Me ha gustado mucho. Fue una pasada. Me monté en Carlota y mi primo, en Cristina (dos burritas). En la plaza había un espectáculo donde bailé y me mareé un poco. Cantaron una canción en catalán. También por la plaza, salieron unos dragones que movían la cabeza; uno se agachó y tuve un poco de miedo, pero al segundo ya quiser cogerle la cabeza. Mi hermano no se asustó, sino que se reía mucho con ellos. También había unos personajes con una máscara de nariz puntiaguda. Yo, al asustarme, intenté huir de ellos y me resbalé y me caí. Me hice un poco de daño, pero no lloré, pues era muy divertido porque me hacían cosquillas. Después me fui a un sitio donde había colgada una manzana y con un arco muy duro, muy duro, muy duro* lancé una flecha, pero no le di**.
Teniendo en cuenta mis experiencias con su institución, le comento que en general, me siento encantada con sus servicios.
Agradeciendo de antemano la atención que me dispensa, se despide cordialmente.
Joana
P.D.: desearía recibir respuesta por cualquier medio
* Mamá, pon "muy duro, muy duro, muy duro", así: tres veces.
** Mamá, porque el arco iba muy duro. Ponlo. No, Joana, creo que ha quedado claro.
Hemos mandado esta carta al Ayuntamiento de Estella porque es de bien nacido el ser agradecido; y lo hemos hecho a través de LaExperiencia.com porque es un buen portal en el que os animo a entrar (no sólo porque sea el negocio incipiente del tío de Joana y creamos en él).
19/6/12
Nuestro paseo de la fama
- No, Joana. Cuéntame.
- Hoy en clase de gimnasia han puesto una canción de Louis Armstrong.
- ¿Ah, sí? ¿Te lo ha dicho la profesora o lo has reconocido tú sola?
- No, no me lo ha dicho. Yo le he dicho: oye, Ana, ¡este es Louis Armstrong!
- Ah. ¿Y qué ha dicho ella?
- Que sí.
No puedo evitar sentir esa punzada de orgullo tonto. Louis Armstrong es una especie de totem familiar, por decirlo de algún modo. Mis hermanos y yo hemos crecido oyendo a mi padre hablar de su "amigo" Louis y de su "amigo" Frank. Siempre los menciona como si se tratara de viejos y añorados amigos. En las conversaciones de sobremesa, o incluso en la tienda, desde detrás del mostrador, suelta algo así como "Sí, Louis antes venía bastante a cenar, pero últimamente lo agobian con actuaciones y no tiene tiempo". Hace poco me contó mi padre que dejó boquiabierto a un cliente que se quejaba porque se había perdido el concierto de Bruce Springsteen, al decirle: "Hombre, si tanto te afecta ven a escucharlo a casa. Siempre que está por aquí se queda a cenar, y siempre le pedimos que nos cante algo". Por suerte para el pobre hombre, Ángeles se dio cuenta del enredo de su jefe y desmintió la broma.
- Y, ¿sabes, mamá?
- Perdona, no te escuchaba. Dime, dime.
- Le conté a Ana que Louis Armstrong es amigo de mi abuelo. Y que a veces ha venido a casa a cenar.
Ups.
14/6/12
Malos pensamientos
Hace sólo cinco minutos, tal vez siete, que Joana se ha metido en la cama. Me levanto del sofá en cuanto oigo la puerta.
- ¿Qué ocurre, Joana?
- Es que he tenido una pesadilla que es imposible superar.
- Joana, no puedes haber tenido una pesadilla porque no has tenido tiempo de dormirte.
- Bueno, pues un pensamiento malo que es imposible de superar.
- A ver, ¿qué ha sido?
- Pues mira, anunciaban en la radio una crema para los ojos, para que se curen las que llevan gafas. Y tú quisiste esa crema para ya no tener que llevar gafas ni... ¿liendres?
- Lentillas.
- Sí, eso. Pues te la dabas en los ojos y al bajar los párpados te quedabas ciega...
Mi corazón de madre histérica al final del día se va enterneciendo ante su amorosa preocupación por mi salud y mi imagen.
- ... Y, claro, como estabas ciega ya no podías corregirme las tareas y ya yo no era nunca más buena en las tareas.
Tardo una milésima en sobreponerme del poco valor de mi ceguera en la historia. Ante todo, hay que alejar ese mal pensamiento.
- Pero Joana, ¿qué te digo siempre de los anuncios?
- Que no hagamos caso, pero...
- Además, Íñigo, ¿estoy guapa con gafas?
Desde el salón nos llega la respuesta: "Guapísima".
- ¿Ves? ¿Para qué iba a querer ir sin gafas?
Ya se ríe. Sólo me queda el golpe de gracia.
- Y sobre todo, Joana, seamos serios, ¿tú crees que aunque me quede ciega dejaré de corregirte las tareas o todo lo que caiga en mis manos?
Carcajada. Ya puede dormir tranquila. Y a mí, después de todo, se me derrite el alma al ver su confianza en mi trabajo, en mí.
- ¿Qué ocurre, Joana?
- Es que he tenido una pesadilla que es imposible superar.
- Joana, no puedes haber tenido una pesadilla porque no has tenido tiempo de dormirte.
- Bueno, pues un pensamiento malo que es imposible de superar.
- A ver, ¿qué ha sido?
- Pues mira, anunciaban en la radio una crema para los ojos, para que se curen las que llevan gafas. Y tú quisiste esa crema para ya no tener que llevar gafas ni... ¿liendres?
- Lentillas.
- Sí, eso. Pues te la dabas en los ojos y al bajar los párpados te quedabas ciega...
Mi corazón de madre histérica al final del día se va enterneciendo ante su amorosa preocupación por mi salud y mi imagen.
- ... Y, claro, como estabas ciega ya no podías corregirme las tareas y ya yo no era nunca más buena en las tareas.
Tardo una milésima en sobreponerme del poco valor de mi ceguera en la historia. Ante todo, hay que alejar ese mal pensamiento.
- Pero Joana, ¿qué te digo siempre de los anuncios?
- Que no hagamos caso, pero...
- Además, Íñigo, ¿estoy guapa con gafas?
Desde el salón nos llega la respuesta: "Guapísima".
- ¿Ves? ¿Para qué iba a querer ir sin gafas?
Ya se ríe. Sólo me queda el golpe de gracia.
- Y sobre todo, Joana, seamos serios, ¿tú crees que aunque me quede ciega dejaré de corregirte las tareas o todo lo que caiga en mis manos?
Carcajada. Ya puede dormir tranquila. Y a mí, después de todo, se me derrite el alma al ver su confianza en mi trabajo, en mí.
7/6/12
6/6/12
Más plomo
El lunes empezó en San Sebastián el Tour de plomo con la presentación de la edición actualizada de Plomo en los bolsillos. Sergio estuvo allí y lo cuenta muy bien. Después, el martes por la mañana partieron en bici hacia Pamplona: Ander, el autor; Peyo Ruiz Cabestany ("cabestani", oigo pronunciar a locutores y amigos, y se me rebela la vena catalana y pienso bajito, para no herir susceptibilidades: "cabestañ"), el invitado de honor; y algunos locos más. En Tolosa, se les une por sorpresa Pedro Horrillo, nada menos. Y, en fin, a golpe de pedal llegan a Pamplona.
En la presentación navarra, Peyo volvió a contar alguna anécdota de su paso por el tour y Ander a deleitarnos con el origen de su afición ciclista: ese niño esperando en la cuneta, entre la niebla, la llegada del ídolo. En mi adolescencia, el tour era eso que cada verano me fastidiaba las sobremesas en familia, porque arrastraba a mi padre y alguno de mis hermanos al sofá. Y ya podías hablarles... ¡Como quien oye llover! Pero luego leí Plomo en los bolsillos (la primera edición) y descubrí el esfuerzo, la lucha contra uno mismo, contra los demás, contra el tiempo y contra el clima, la superación, la derrota. Sigo sin ser aficionada al ciclismo, por supuesto. De hecho, mi historia favorita es la de Coppi y Bartali. Pero ahora yo también me uno a la sobremesa de sofá en verano.
Esta mañana ha salido de Pamplona en dirección Logroño la segunda etapa del Tour de plomo. Manel y yo hemos ido a esperar al pelotón. Tal vez algún día, cuando Manel sea mayor, contará que su afición ciclista empezó cuando a los 7 meses su madre lo hizo esperar durante una hora en la gasolinera que hay debajo de casa a que aparecieran Ander y sus gregarios. No tiene el glamour de la cuneta y la niebla, pero bueno, Ander, Burgui con sus gafas de buceo y dos amigos más tampoco son Anquetil, Bartali, Vicente Blanco o Induráin.
* La foto es de Sergio.
* Actualización: Dani tiene que perdonar mi somera descripción, que solo menciona esas estrafalarias gafas. La verdad es que el conjunto no tenía desperdicio.
En la presentación navarra, Peyo volvió a contar alguna anécdota de su paso por el tour y Ander a deleitarnos con el origen de su afición ciclista: ese niño esperando en la cuneta, entre la niebla, la llegada del ídolo. En mi adolescencia, el tour era eso que cada verano me fastidiaba las sobremesas en familia, porque arrastraba a mi padre y alguno de mis hermanos al sofá. Y ya podías hablarles... ¡Como quien oye llover! Pero luego leí Plomo en los bolsillos (la primera edición) y descubrí el esfuerzo, la lucha contra uno mismo, contra los demás, contra el tiempo y contra el clima, la superación, la derrota. Sigo sin ser aficionada al ciclismo, por supuesto. De hecho, mi historia favorita es la de Coppi y Bartali. Pero ahora yo también me uno a la sobremesa de sofá en verano.
Esta mañana ha salido de Pamplona en dirección Logroño la segunda etapa del Tour de plomo. Manel y yo hemos ido a esperar al pelotón. Tal vez algún día, cuando Manel sea mayor, contará que su afición ciclista empezó cuando a los 7 meses su madre lo hizo esperar durante una hora en la gasolinera que hay debajo de casa a que aparecieran Ander y sus gregarios. No tiene el glamour de la cuneta y la niebla, pero bueno, Ander, Burgui con sus gafas de buceo y dos amigos más tampoco son Anquetil, Bartali, Vicente Blanco o Induráin.
* La foto es de Sergio.
* Actualización: Dani tiene que perdonar mi somera descripción, que solo menciona esas estrafalarias gafas. La verdad es que el conjunto no tenía desperdicio.
18/4/12
Notas de sociedad en día de huelga
Ya ha pasado casi un mes desde la huelga general y este blog -un tanto aletargado- aún no se ha hecho eco de los sucesos más importantes de la jornada.
El consejo familiar -que no secundaba la huelga- aprobó la propuesta de su presidenta de introducir suedosólidos semilíquidos (popularmente conocidos como papillas de fruta) en la dieta del benjamín. La votación fue unánime después de que el interesado diera su consentimiento con notables muestras de alegría:
También hubo novedades en la dieta de Joana, aunque en este caso no por decisión democrática, sino por imperativo dental:
Por suerte, Pérez S.R. tampoco secundó la huelga, y pagó los dos dientes al precio debido.
El consejo familiar -que no secundaba la huelga- aprobó la propuesta de su presidenta de introducir suedosólidos semilíquidos (popularmente conocidos como papillas de fruta) en la dieta del benjamín. La votación fue unánime después de que el interesado diera su consentimiento con notables muestras de alegría:
También hubo novedades en la dieta de Joana, aunque en este caso no por decisión democrática, sino por imperativo dental:
Por suerte, Pérez S.R. tampoco secundó la huelga, y pagó los dos dientes al precio debido.
8/4/12
La profecía
Hoy se ha puesto a recitar junto con su tío, después de la cena: "Porque sin ser tu marido / ni tu novio ni tu amante, / yo soy quien más te ha querido"...
Quienes conocemos también estos versos esperábamos ese estupendo final: "¡con eso tengo bastante!", pero Joana ha decidido innovar y su cuarteta ha sonado así: "Porque sin ser tu marido / ni tu novio ni tu amante, / yo soy quien más te ha querido: / ¡tu padre!".
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