26/5/09

Camino al estrellato


El Rinek sigue siendo una de mis mejores opciones los fines de semana: desde casa hay un bonito paseo hasta allá, con varios puentes por donde atravesar el río, por el camino siempre encontramos algún parque con su fuente o unos columpios donde reposar... Y el Rinek sigue ofreciendo espacio para correr, enanitos que buscar -aunque ya sepamos dónde están- y gente y bullicio y, a veces, alguna distracción inesperada.

El pasado sábado un policía sacado de una de las viejas películas de Chaplin, de pie en el centro de un escenario delimitado por una cuerda roja, anuniaba con un altavoz que en breve daría comienzo una pequeña representación callejera de Charlot a la polaca. En realidad, no tengo ni idea de qué anunciaba, pero deduzco que era esto. Nos quedamos a ver qué pasaba. A los pocos minutos, un Charlot descamisado apareció sobre una bici que petardeaba y escupía humo de colores. El policía lo perseguía. Tras esta presentación, Charlotski (así suena más polaco) se mezcló con el público y se dedicó a animar primero a un niño apático y después a una señora de risa floja y cara vermellón subido a que pasaran al otro lado de la cuerda a actuar. El público animaba con palmas, pero ninguno de los dos hizo nada; a lo sumo, un par de caderazos de la dama.



Joana se aferraba a la cuerda, creo que por miedo a que las ganas la arrastraran al escenario. Charlotski la vio y la animó a pasar al otro lado, y ella no se hizo de rogar. Durante un par de segundos pareció que iba a entrarle también pánico escénico. Me miró. Me encogí de hombros. No sé; baila. Y, claro, eso hizo: movía los brazos, daba vueltas, caminaba dos pasitos para aquí, otros cuantos para allá... En fin, bailaba. Y el público encantado. Y ella encantada. Vamos, que Chaplinski se queda sin función si no la hace salir.

Más tarde, en un paso de peatones, un señor mayor se nos quedó mirando y sonrió: Esta es la niña que bailaba.*


* Claro que no lo dijo en español, sino en polaco, pero la chica que lo acompañaba tuvo la amabilidad de decirle que yo no entendía polaco (lo dedujo de mi respuesta: que qué, no, no), y él señaló a Joana, señaló hacia el Rinek y movió un poco las caderas. Todo claro.

4 comentarios:

Pecé dijo...

La realidad siempre supera a la ficción... y, por lo visto, Joanna supera a la realidad.

Sergio dijo...

¡Artit-ta!

Marta dijo...

¡Qué linda fenómena! Y a la mamá... ¡se le caía la baba, jaja!

Mil gracias por tus historias polacas, Mòmo. Da gusto encontrarse una nueva casi a diario. Y no os perdemos la pista porque parece que estuvierais ¡aquí al lado!

Javier de Navascués dijo...

Tienes que terminar escribiendo un libro que se titule algo así como Las andanzas de Joanna