23/11/10

épica

Fui a recogerla y salió llorando del aula, con el índice derecho alzado, atrapado dentro de lo que parecía una fresa de plástico. Como llevaba la cámara de fotos en el bolso, estuve tentada de inmortalizar una situación que me parecía entonces bastante cómica, pero me contuve, la abracé y tomé su mano para evaluar el alcance de los daños.
Comprobé que:
1. Aunque confiaba en mí, no le hacía mucha gracia que tocase el dedo preso.
2. El dedo estaba firmemente trabado dentro de la fresa.
3. Le dolía de verdad.

Fuimos a la sala de profesoras, donde una teacher de esas que sólo hablan inglés se volcó en ayudarnos. Primero lo intentamos con crema, confiadas en que el dedo se deslizaría, perfectamente lubricado, y saldría sin dolor. No fue así. Los gritos de Joana empezaron a subir de volumen y la sala se fue llenando de preguntas, de ideas y de buenas intenciones. Intentamos cortar el plástico, pero las tijeras que había en la sala o no cortaban bien o eran de punta redonda, por lo que era difícil introducirlas entre oprimido y opresor. A estas alturas, Joana ya había aprendido que déjame ver el dedo, no te preocupes que no lo voy a tocar, significaba déjame probar de desatascarlo, que tal vez yo pueda, y había que sujetar con firmeza su mano para que las tijeras no provocaran un mal mayor. A pesar de sus ¡Nou, nou! -en inglés- ¡Stop! ¡Don't cut my finger! ¡Stooooooop!, logramos descabezar la fresa, con lo que al menos veíamos el dedo.
Pasamos al baño, a por agua y jabón, pero nada. Joana seguía gritando en inglés. Ahora me miraba a los ojos y me gritaba a mí también en inglés, asustada y dolorida.
Aunque conseguimos unas tijeras de electricista que probablemente habrían resultado, ya estaba demasiado aterrada para razonar. Quería ir al médico.

Entró primero ella con la doctora. De camino, le había explicado que a pesar de que entendía que le dolía y que estaba asustada, no podíamos exagerar de esa manera, que había que calmarse, que la doctora le sacaría eso, que probablemente le dolería, pero tenía que ser valiente. La oí chillar y le dije a la enfermera que yo pasaba (en realidad, pregunté si podía pasar, pero supongo que me entendió). En la sala, la doctora había empezado por el agua con jabón, una enfermera sujetaba sobre la camilla
a Joana, que chillaba -ya en español- que dejaran en paz su dedo, que no sabían nada de su dedo, que pararan, que basta y también que se iba a morir. Sustituí a la enfermera, que fue a por unas tijeras, y me puse a hablar con Joana, muy cerca de ella, con mi boca pegada a su oreja. Hablé sin parar. Le conté que ya habíamos estado otra vez allí, que le sacaron sangre, que fue muy valiente, que la enfermera que la atendió estaba encantada con ella. No dejó de llorar, pero ya no chillaba, de vez en cuando una mueca de dolor y una mirada a las tijeras, pero por fin encontró su valentía.

El plástico por fin cedió. El dedo se parecía bastante al de E.T., pero estaba bien. La hinchazón bajaría pronto y las tijeras sólo habían dejado un pequeño rasguño. Al salir de la sala, poco faltó para que la ovacionaran. De todas las puertas asomaban caras sonrientes que habían oído sus gritos desesperados y celebraban el feliz desenlace.

Como los héroes, sólo quedaba volver a casa.

5 comentarios:

shirley dijo...

Mi pequeña valiente. Dale un beso de mi parte y otro de Luli, que seguro si viera la "yaya de Joana, le daría un besito para que se le pase.

Javier de Navascués dijo...

"Por fin encontró su valentía". Qué buena frase.
Por lo demás, algún día tendré que contar yo también la noche épica de Tomás, tras leer Harry Potter ("¡Estamos muertos! ¡estamos muertos!", gritaba el tío).

Sergio dijo...

Tenías que haber usado unas tijeras de hortelano.

Maria dijo...

Me recuerda a la vez que se me quedó pegado a la oreja un pendiente azul -con forma de delfín-, y también acabé en el hospital.

Por otro lado, como no iba a encontrar su valentía haciendo finalmente honor a su nombre y patrona. ¡Bravo!

santi dijo...

los niños son muy valientes, al mio lo operamos el viernes pasado, y la
verdad es que el me tuvo que consolar a mi. bueno el blog saludos.