1/5/17

El punto sobre la i

Ese defecto que mencionaba ayer no es exclusivo de la comunidad materna. Ni mucho menos. También aqueja en gran medida a los abuelos. Mucho más que a las abuelas, en contra de lo que se suele pensar. Las abuelas -algún día alguien muy aburrido dará a mis palabras base científica- antes fueron madres y pecaron de orgullo filial, pero los años todo lo curan y, aunque ahora echan flores sobre sus nietos, son en realidad la mar de críticas y procuran enmendar los errores que cometen hijas y nueras. Pero para los abuelos este tipo de orgullo es un achaque que llega con la edad.

Mi propio padre empezó a mostrar síntomas al nacer su primera nieta, Joana. Joana empezó a hablar pronto y aún no se ha callado. Y también empezó pronto a leer. Cuando alguien comentaba esto al abuelo, él solía quitar hierro (con una falsa modestia que a nadie engañaba) diciendo "sí, bueno, pero el inglés aún se le atraganta un poco". ¡Si tenía un año escaso, la criatura!

Pues desde entonces ya ha llovido, pero él no ha mejorado.

- Avi, yo ya sé leer.
- ¿En serio, Eugenia? ¡Qué ilusión! A ver, ¿qué pone aquí?

Y el abuelo señala una palabra cualquiera del primer libro que ha encontrado a mano. A saber: la hoja dominical, el Dioscórides o un recetario de la Thermomix.

Eugenia mira muy seria y concentrada las letras. Y al abuelo. Y las letras. Y al abuelo. Y, resuelta, responde:

- No, avi; yo solo sé leer animales. Mira. ¿Ves esto de aquí? Pues pone o-ve-ja.

No hay comentarios: