23/11/07

En la autopista I


Ya llevo en pies y manos tres largos viajes Zizur-Sant Pol (Pamplona-Barcelona, si hay que ser genéricos), como conductora. A estas alturas puedo afirmar que soy un ente borroso en la carretera: no insulto, respeto las velocidades, circulo por el carril derecho, adelanto cuando me conviene y dejo que me adelanten la mayoría de las veces. Aunque ya soy capaz de mantener una conversación con el copiloto o con Joana, e incluso de percatarme de lo que existe más allá de las ventanillas laterales, los nervios siguen ahí, latentes.
Si un coche me pita en una autopista casi vacía, a 120 km/h, pienso que he olvidado encender los faros, que se me ha caído el guardabarros (sí, también esto pasó por mi cabeza), que llevo una rueda pinchada y no sabré dónde parar porque en la autopista no puedo y aunque pare qué narices hago yo con la rueda de recambio; vagamente viene a mi memoria una imagen infantil que me dice dónde puede esconderse la maldita rueda. Un atisbo de sensatez desecha el disparate del reventón. Otro pitido. ¿Habré olvidado el bolso en el capó? A mi madre ya le pasó, podría pasarme, claro que es difícil ya que no he dejado el bolso sobre el capó en ningún momento. Otro bocinazo. El coche alarmista empieza a adelantarme. Se lo toma con calma. Va a decirme qué ocurre. Le pregunto con los ojos, y sin dejar de mirar la autopista (habilidades que voy adquiriendo...). Sonríe. No será grave, si sonríe, no puedo haberme equivocado tanto, no debo de ser un peligro, ¿estaré haciendo el ridículo? Vuelvo a mirar y preguntar. La sonrisa se transforma, sus labio se juntan -¿qué me dirá?- se contraen como un acordeón, alza una mano -¿señas?-, se la acerca a la cara, me lanza un beso, acelera y se va.

Otra vez, cara de Peter Lorre.

5 comentarios:

Li dijo...

Hola Penélope.
Fue un gusto ser tu copiloto.
Tengo que descargar las fotos que te saqué.
Acabo de venir de la cafetería y una de las chicas me ha preguntado "¿hoy es solo un cortado?". Bueno, el lunes espero pedir también un café con leche.
Besos para Joana y para ti.

J. dijo...

¿Y qué hizo el silbido al ver la cara de Peter Lorre?

mòmo dijo...

Li, hay que reconocer que me adjudiqué el bocinazo y el beso volador, pero en justicia, ambos podrían pertenecerte a ti, o a Joana.
Ya se había ido, J., aunque supongo que riendo a mandíbula batiente.

Marc Roig Tió dijo...

Qué suerte que no es mi coche el que te llevaste a Pamplona...

Mis Caminos dijo...

Hola Penélope Mònica (este sería tu nombre si fueras personaje de una telenovela mexicana).
Ya tengo un blog. No sé si podrás comprender lo que escribo, pues está en portugués. Pero seguro que Joana podrá ayudarte.
Besos.