26/11/07

benditas obras


He vuelto a las andadas. ¡Benditas obras! Estos días el trayecto Cizur-Pamplona anda algo revuelto. Las obras en la travesía de Cizur Menor nos tienen a todos apiñados intentando conseguir un huequecillo en el apretado desfile de automóviles que bajan a Pamplona por la carretera -esa, la normal, que seguro tiene un nombre pero no me lo he aprendido-.
Antes de salir de casa suelo valorar la situación desde la ventana. Hoy el veredicto ha sido "ayayay...". Y, efectivamente, al ir a dejar a Joana en la escuela, he visto la caravana (en sentido contrario al mío, de momento) -¡cómo para no verla!-; ¿dónde acabaría? Yo me voy hacia la derecha, pero la hilera de luces sigue inmóvil, paciente.
A viva no me gana nadie, y me digo: "en cuanto deje a Joana, no me pillas en esta broma; entraré en la carretera por abajo. También me costará media hora llegar a la universidad, pero me creeré que he ahorrado unos minutos y seré feliz". Por desgracia, otras dos o tres mil personas parecen ser tan vivas como yo: la cola para entrar en la carretera por abajo -por la urbanización- llegaba casi hasta la escuela de Joana (¿cuánto habrá? ¿1 km?).
Amigo, aquí te quedas -le he comentado al coche-; yo me voy andando.
Así que he vuelto a las andadas. El maletín pesa, el abrigo molesta abierto y molesta cerrado y el aire frío duele si entra en los oídos. ¡Pero qué gusto! Se me ha ocurrido pensar que tal vez arreglen la acera de esta carreterita, ahora descolorida y agrietada por algunas raíces tenaces, y qué será una lástima. Pondrán adoquines rojos y farolas, y será igual a tantas otras aceras en tantos otros pueblos. Aunque tampoco importa tanto, los peregrinos (viandantes, ciclistas, jinetes) no tardarán mucho en gastarlos, y no serán tan rojos ni tan rectangulares ni tan simétricos.
En el río, todo se movía menos un pato, orillado y quieto. Me ha hecho reír. A estas alturas, el maletín ya no pesaba, y las piernas me preguntaban ¿y ahora, hacia dónde?
Debería dejar el coche y volver de verdad a mis caminos mañaneros, pero lo cierto es que me retrae pensar en la vuelta. Si pudiese ponerme el coche de sombrero, o esconderlo en un zapato, bajaría a pie. Esperaré a que alguien patente la idea.

6 comentarios:

Marc Roig Tió dijo...

Enhorabuena. La mayoría de veces la gente sólo ve una solución a los atascos: insultar a los demás conductores y gruñir. Ojalá todos pensaran también que se puede ir andando.

Ander Izagirre dijo...

¿Y una bici? Se pueden llevar muchas cosas en una bici, se puede ir protegido del frío y de la lluvia y te entra un buen humor estupendo cuando adelantas a los coches varados en el atasco...

mòmo dijo...

Ojalá, Marc, así no habría caravana y yo podría ir en coche, je.
Bajando me han adelantado dos ciclistas, tan abrigaditos que no sé si estaban de buen humor; sí, de bajada es buena idea, pero nunca me ha gustado pedalear. La subida sería dura.

Marc Roig Tió dijo...

Eso de que la subida sería dura ya me suena. Recuerdo que en casa tanto tú como Maria no teníais ningún problema para ir a Sant Pol en bici, pero sí lo teníais para volver a casa.

Pero estoy con Ander. Aquí veo bicis de todos los tipos, pero se llevan la palma las que tienen un mini remolque delantero que sirve para llevar niños (de uno a tres), la compra, los animales, etc. Pídela a los reyes, a ver si hay suerte.

Mis Caminos dijo...

Creo que esas obras y los atascos te vienen muy bien, porque así puedes caminar por las mañanas. Pero no te compres una bici, pues en bici te costaría más leer.
Siempre digo que la vuelta a mi casa se hace dura porque 'la cuesta cuesta'.
Besos.

J. dijo...

Lleva a la Uni medio coche...