12/2/08

Para ser una mala conductora que, además, no disfruta conduciendo, ¡menudos los quilómetros que tragué el domingo!



El domingo por la mañana -muy temprano- llamé a Liège.
- Buenos días, ¿qué vas a hacer?
- mmmm. No sé. Mejor te acompaño otro día.
- Claro, no te preocupes.
Yo sabía que no se encontraba muy bien. Y el plan no era tentador: horas de carretera para dejar a Joana con mis padres y más horas de carretera para regresar a Pamplona. Estaba sacando la cafetera del fuego y decidiendo cómo me las iba a ingeniar sola con Joana tantas horas de coche cuando sonó el teléfono.
- ¿Mònica?
- Hola Liège. Dime.
- Sólo tenía pereza. Sí que voy.
- ¡En serio! Oye, no tienes por qué, si no te apetece, pero, jo, que me alegro...
- Jeje. Estoy lista en media hora.

Es una copiloto estupenda, además de buena persona.

El punto de encuentro fue Fraga; de hecho, un polígono industrial de Fraga. Hola. Hola. Feliz cumpleaños, mamá. Gracias. (Beso. Beso). Vamos, María, tenemos que irnos. Joana, ¿no me das un beso? Pórtate muy bien. Adiós. Adiós.


El viaje de vuelta, ahora ya las dos solas, decidimos aprovecharlo para hacer el turista. Buscábamos un nombre atrayente (Ejea de los caballeros) o gracioso (Figueruelas) para parar. Al final, Pina de Ebro: café/cerveza y sendos pinchos. Y vueltecita para estirar las piernas. ¿Sabéis que en Pina de Ebro tienen un parque de mayores? Y ya, bueno, no somos mayores (depende: para Joana 28 es un número lejano que equivale más o menos a tropecientos), pero estiramos también brazos y dedos.

La segunda parada la motivó el hambre. Cascante. Preguntamos a un lugareño -de acento cerrado a cal y canto- que nos recomendó, tal vez, puede, no sé qué de lechugas (Liège entendió el lechugero, yo no entendí nada), y si no, el asilo de ancianos, que seguro nos daban de cenar. Era una opción tentadora, pero lo que queríamos era almorzar. Avanzamos un poco y volvimos a preguntar, esta vez a dos lugareños de acento cantarín, pero no tan tan cerrado. Y sí, sin dudarlo, nos mandaban al Lechuguerouuuu.
A estas alturas, se nos hacía la boca agua sólo con pensar en las verduras y legumbres que nos serviría el buen hortelano. Por desgracia, la cocina guardaba descanso dominical.
No nos quedamos sin comer. Fuimos al Mesón Ibarra, bueno y de postín, pero sin el encanto del Lechuguerouuuu.

5 comentarios:

Liège Rinaldi dijo...

Lo pasamos bien, ¿verdad?
¿Adónde iremos el próximo fin de semana?
He leído en algún lado que hay una exposición sobre el mío Cid en Tudela... pero si prefieres descubrir algún pueblecito y caminar un poco, también es siempre una buena opción.
Un abrazo de tu copiloto.

Marc Roig Tió dijo...

¿Acaso tenías algún plan mejor para el domingo? Me ha parecido genial.

Mis Caminos dijo...

Y gracias por lo de "buena persona". :)

Mae dijo...

ey! la próxima, nos llamás y somos tres copilotos. (esto es como "tomemos un café y tú me invitas", te acompañamos y de paso, conocemos España). Te lo digo muy en serio.

Enric dijo...

Te recuerdo lo de Pla: cuando quieres comer bien hay que preguntar a un hombre grueso.