19/1/10

Así comemos


Joana se distrae. No hay caso. Se distrae siempre, sin intención, sin motivo. Al parecer, sin remedio. No sólo quedan a medio terminar tareas que suponen cierto esfuerzo, como vestirse o colorear una ficha en el colegio; es capaz también de dejar suspendida la cuchara entre el plato y la boca, y olvidar su existencia por culpa de un pensamiento repentino...

- Mamá...
- Come.
- Tsk. Es que, mamá, pienso unas cosas que...
- A ver, qué piensas.
Y mientras entro en su juego acompaño su mano y su cuchara hasta la boca, que se abre mecánicamente, mastica y traga sin prestar atención.
- Es que, mira, es que pensaba que yo iba a sacar una foto y me echaba hacia atrás, pero chocaba y entonces la cámara se caía, ¡y se la tragaba el cocodrilo!
- ¿Un cocodrilo?
Otra cucharada a la boca.
- Sí. Pero entonces tú te tirabas para coger la cámara...
- ¿Y se me comía el cocodrilo?
Otra más.
- No-o. Cogías la cámara y yo tiraba y tiraba y tiraba fuerte y te sacaba.
- Menos mal. (Comida a su boca). ¡Qué suerte que estabas! (Ya queda poco). Gracias. (La última, por fin).

4 comentarios:

Txarlin dijo...

De eso se trata ¿no? Mientras comemos, hay que tener conversaciones importantes..., o al menos hacer que lo parezcan.

Sergio dijo...

Seguro que el cocodrilo no se andaba con tantos miramientos.

Ander dijo...

Me encanta su imaginación, pero lo que más me gusta es su propio asombro ante su propia imaginación (y el ojo de la narradora, claro).

Liège dijo...

Hemos recibido vuestra postal. ¡Muchísimas gracias!
También echo de menos a vosotras y las excursiones que solíamos hacer.
Besos.