11/9/12

Tarde de ópera

El domingo por la tarde me llevé a Joana a la ópera. Se anunciaba como una "ópera para todos los públicos" y pensé que podría gustarle. ¡Qué decepción!

El proyecto de acercar la ópera a niños y adolescentes me sigue pareciendo un acierto, sólo siento que en esta ocasión no hayan acertado con el argumento.

El guardián de los cuentos presenta la historia de dos niños que entran en el Libro de todos los cuentos, alternan con personajes típicos de cuento de hadas y las pasan canutas para volver a su realidad. Visto así, es bastante prometedor. Eso fue lo que me confundió. Para empezar, los dos niños no son tales: se trata de dos adolescentes de 14 o 15 años, Ariadna, la chica "más lista de la ciudad", que se define a sí misma como una "rata de biblioteca" y que clama a las musas para que le otorguen "el regalo de la amistad", y Horacio, un chico algo torpe con los estudios "que nunca ha leído un libro". Aunque no veo la necesidad de que Ariadna deba ser una solitaria sólo porque es lista y le gusta leer, el asunto tiene disculpa: supongo que la historia se tejerá alrededor de un mensaje a favor de la lectura.

Al entrar en el libro, Horacio y Ariadna van encontrando personajes de cuento, aunque algo cambiados (sin motivo). Pinocho insinúa haber matado a Pepito Grillo "porque hablaba demasiado" e intenta ligar con Ariadna; los siete enanitos sólo piensan en comer y cantan "Blancanieves va a pringar y no va a protestar"; una princesa sin nombre pretende que Horacio la salve y le promete "un montón de hijos, por lo menos 15", aunque antes de "darnos a la lascivia" se van a casar; la bruja de Hansel y Gretel suelta un discurso a Horacio sobre la bollería industrial y la falta de ejercicio.

El supuesto mensaje a favor de la lectura desaparece entre tantos otros políticamente adecuados. Como remate de tanta tontería, los chicos logran escapar del libro (gracias a la invocación a las musas) despidiéndose con un "que cada cual busque su propio argumento". En un intento por redondear la historia, de vuelta en la biblioteca, Horacio coge el libro que le ofrecía Ariadna y ella le da un beso.

El resultado final es un rompecabezas sin sentido: muchas piezas sueltas que no encajan entre sí. ¿Por qué los protagonistas son dos adolescentes con problemas de amores cuando la historia funcionaría igual -mejor, creo yo- con dos niños? ¿Qué ocurre para que Horacio coja por fin un libro al final? Nada en absoluto. Es un personaje que, por no conocer, no conoce ni los cuentos infantiles clásicos, ¿y debemos creer que después de encontrarse con varios caracteres de estos cuentos, aunque en versión desagradable, le entra el gusanillo por la lectura? Y Ariadna, la niña lista y sin amigos que sentencia y critica a las princesas explotadas como Blancanieves o tontamente enamoradas, como la que quería ser salvada por Horacio; esta misma Ariadna sólo busca desde el principio el reconocimiento del chico que le gusta, muy a lo princesa de cuento, ¿no?

En resumen, esta no ha sido una buena experiencia, pero sigo defendiendo el proyecto de Ópera Piccola e intentaré asistir a más representaciones, confiando en ver mejores trabajos.

2 comentarios:

periodico paraguay dijo...

Muy buenoooo!!!!!!!

macetaenelparamo dijo...

Qué repelús. Aunque el Pinocho de Collodi -a lo mejor no recuerdo bien- creo que sí le daba a Pepito Grillo un zapatazo, dejando al pobre hecho un... personaje secundario hasta que lo rescató la Disney.