11/3/13

Y fue

Posponía yo la conversación escudada en buscar un modo de afrontarla. Pero ayer, mientras ella jugaba en el ordenador y yo recogía los juguetes de su hermano, volvió a la carga. No me miró para preguntarme. Creo que la duda volvió a su mente -ya la había formulado semanas atrás- y le pareció lógico plantearla. Yo también le daba la espalda, entretenida en adivinar si este rectángulo de madera es parte de un dominó o de un juego de construcciones.

- Mamá, no lo entiendo. Si tú tienes los ojos verdes, ¿por qué yo tengo los ojos marrones?

Creo que una de las destrezas que se adquieren con la maternidad es la de reconocer el momento adecuado. 

- Termina lo que estés haciendo y nos sentamos en el sofá y te lo explico, ¿de acuerdo?
- Vale.

La vez anterior que formuló esta misma pregunta, su padre y yo nos salimos por la tangente: él tiene los ojos marrones; duda resuelta. Pero está claro que no la convencimos.

Primero, con un gráfico muy chusco, le expliqué la cuestión genética que determina el color de ojos. Lo entendió.

- Pero entonces, mamá, lo que no entiendo es que si yo nací cuando eras tú sola, ¿cómo puedo tener los ojos marrones?
- A eso voy.

Y le expliqué que yo no la tuve sola. Que eso no es posible. Que siempre intervienen dos: hombre y mujer. Que, como en todo, las cosas pueden hacerse bien o mal. Que yo alteré un poco el orden correcto. Que la otra persona implicada no se vio preparada para asumir la paternidad. Que yo decidí ser padre y madre. Que hay que saber ser responsable. Y que, cinco años después, tuvimos la suerte de encontrar a su padre.

- ¿Y sabes qué fue lo primero que hizo después de que nos casáramos?
Joana sonríe y señala mi tripa abultada.
- Pues no. Antes.
- ¿Decirme que yo era su hija?
- Sí, pero no solo a ti. Fue a decírselo a un juez para que lo supiera todo el mundo y nadie lo dudara jamás. Que él era tu padre para siempre y que tú eras su hija para siempre.

El abrazo que me dio no puedo describirlo.



8 comentarios:

Mae dijo...

Si esto es ser cursi, quiero que lo seas siempre. Glup.
La verdad hace libres.

Anónimo dijo...

Tenía mil años sin volver por aquí... me has arrancado una lágrima.
Grisel

Satchmo dijo...

Que maco, Mònica. Un petó per totes dues!

Marc Roig Tió dijo...

¿Desde cuándo se explican los guisantes de Mendel en segundo de primaria? En fin, buena explicación.

Sergio dijo...

Que te crees tú que no has podido describir ese abrazo. Lo he sentido perfectamente.

Fa dijo...

Valiente!!

Ander dijo...

Qué bueno, Mònica, qué buenos y qué grandes todos. Más abrazos.

Anónimo dijo...

Mó, me acordé de tu blog desdpués de mucho tiempo, acabo de leer esta entrada, es todo tan tierno. Me alegra que te vaya tan bien con tu fmailia, Joana está enorme. Saludos desde Perú.
Atte.
Pieralí Buchelli.