13/3/17

Amar la naturaleza

Otro buen consejo es el de enseñar a los niños a amar la naturaleza. Con los dos mayores no me hizo falta. Son un buen equipo: encuentran bichos, los observan, los fotografían y catalogan. De vez en cuando, intentan cazarlos y alimentarlos, con lo que mueren, casi sin excepción (los bichos, no los niños), pero son accidentes. Los dos siguientes también forman equipo, pero sus correrías son otras. Las explicaciones de la Eugenia activaron la alarma y me decidieron a tomar el consejo:

- Mamá, hemos encontrado un bicho. Yo he avisado a Patxi, que lo ha pisado. Después lo he recogido con este cartón y lo he echado a las hierbas. Solo estaba un poco muerto.

Había que hacer algo para que este par amara la naturaleza. Empecé por lo fácil.

- Mirad, un perro.

Y mano de santo, oye. Es decir esto y mi número cuatro demuestra con creces un explosivo amor... por mí: se agarra a mi pierna, toma mi mano como si en ello le fuera la vida o trepa hasta mi cuello con la agilidad propia de sus dos años y medio. Incluso chilla, y bastante agudo. No le veo yo fácil solución a su historia con los perros (también se aparta de palomas y patos, pero sin histerismos), sobre todo desde que ha alcanzado cotas espirituales: el sábado me contó, muy serio y compungido, que al Cristo de la iglesia unos perros le habían mordido las rodillas, de ahí que las tuviera ensangrentadas.

¿Algún consejo?


2 comentarios:

Gonzalo dijo...

¿Les gusta contemplar los árboles y los paisajes? Porque cuando miro "¡¡Qué maravillas crea Dios!!".

Es que observas todo el proceso por ejemplo del invierno al otoño de las pantas ¡¡Es alucinante!!.

Anímate a seguir escribiendo sobre vuestras aventuras que son muy bonitas.

Sergio dijo...

Recuerdo yo de pequeño una anécdota en el pueblo de mi abuela en la montaña de Asturias. Trataba sobre un perro mastín gigantesco. Era tan grande el animal que me llegaba a la altura de los ojos.