28/10/08

Advertencia a los incautos


Joana ha desarrollado una nueva capacidad: hacerse la simpática. El detonante fue el inocente -aunque reconocido como peligroso- gesto de la dependienta de nuestra frutería habitual.
- ¡Pero qué bonita eres! ¿Quieres una galleta?
- Sí.
- Toma, guapa.
- [Joana, ¿qué se dice?]
- Gracias.
En los días sucesivos consiguió una fresa, un plátano, un pequeño racimo de uvas, una mandarina y varias galletas. Y claro, aprendió que ahí regalaban cosas sabrosas sólo por sonreír, decir buenos días, gracias y hasta luego. Una ganga.

Empezó a entrar en la frutería con la sonrisa abierta, directa a su objetivo:
- Hola, ¿me regalas una galleta?
- Hola, Joana. Claro que sí, bonita.

Pero conforme ella perfeccionaba el arte de pedir, a mí me iba entrando el gusanillo de corregir -un virus muy propio de las madres, sobre todo de las novatas-.
- Joana, no puedes andar pidiendo siempre. Si quieren, te darán, pero no pidas.
- ¿Por qué?
- Porque no está bien.
- ¿Por qué?
- Porque esas cosas están ahí para vender, no para regalar.
- ¿Por qué?
- Porque es su negocio.
- ¿Por qué?
- Bueno, ya vale. No pidas.

Lo comprendió. No había que pedir. Pero, vamos, ¿renunciar a la gallina de los huevos de oro? Encontró otro método.
- Hola.
- Hola, Joana.
- ¿Sabes una cosa? A mí me gustan mucho las galletas.
- Jaja. Sí, ya lo sé. ¿Quieres una?
- Sí.

Ahora me avisa antes de entrar en cualquier tienda de comestibles.
- Mamá, le diré que me gustan mucho los cupa-chups, ¿vale?

Me recuerda a una niña, compañera de juegos del pequeño Nicolás (Sempé-Goscinny) en una de sus historietas, capaz de verdaderas diabluras, pero que siempre salía impune porque había perfeccionado el arte de pestañear con gracia.

4 comentarios:

J. dijo...

Y sí. Joana se parece cada día más a mamá.

... Sotileza.

Liège dijo...

Me encantaban los libros de "Le petit Nicolás"...

Enric dijo...

¿Sabes una cosa? A mi me gustan mucho las historias de Joana...

Enric dijo...

O Joanna.