5/6/09

La fiesta/ 2


Antes de empezar, la maestra agradeció nuestra asistencia y nos explicó que en la clase había una niña española, menor que los demás, que probablemente resultaría divertida, pues era impredecible; en cada ensayo había hecho algo diferente.
Los niños entraron en fila, todos con mallas negras, camisetas de diferentes colores y un pañuelo de otro color anudado a la muñeca. Al son de la primavera de Vivaldi se despertaron y danzaron y agitaron los pañuelos. Joana me miraba, divertida, y de vez en cuando intentaba explicarme que pasaba.
Acabada la música, dejaron los pañuelos en un rincón y se repartieron por el aula: cantaron una canción, recitaron unas frases para las mamás -las frases de Joana fueron en español-, cantaron otra canción, fueron a buscar imágenes de la Virgen que tenían repartidas en algunos rincones y recitaron algunas frases para la Madre de Dios, cantaron un poco más y, por fin, se prepararon para la representación.


Iban a dramatizar El patito feo. Yo sabía que Joana sería uno de los patitos no-feos; al principio, la idea le gustaba, hasta que descubrió que ser el feo significaba ser el protagonista. Pero se conformó. De repente, las camisetas de colores aleatorios cobraron sentido: la naranja era una gallina (la más graciosa y pizpireta, a pesar de que no entendí nada de lo que dijo), el rojo, su esposo, el gallo; las dos chicas con camiseta negra y, encima, otra blanca de tirantes eran pájaros, no puedo especificar más. Y había una pareja en blanco y otra en verde, a saber qué animales serían. Y el matrimonio pato y sus tres huevos: tres niños cubiertos con un tul rematado por un lazo. A Joana no le gustaba demasiado esto del tul, pero le habían dicho que no se lo quitara, así que se entretuvo masticándolo. Al romper el cascarón, la mamá pata presentó a su primer retoño, una niña linda que saludó con cortesía: Dzień dobry. El segundo huevo rompió el cascarón y Joana, mi actriz en ciernes, avanzó hasta el centro del escenario y saludó: Dzień dobry. No diré que el público estalló en una sonora ovación, porque no hay que exagerar, pero tengo para mí que sólo fue porque la gente se contuvo.


En fin, no os contaré el resto de la historia, porque todos conocéis el cuento. En algún momento Joana se cansó de su papel de extra y fue a sentarse al lado de la profesora; sólo regresó al final, cuando todos abrazaron en corro al patito convertido en cisne que volvía al hogar.

5 comentarios:

Mae dijo...

buenísimas las fotos!!
gracias. nos vemos en la doble vuelta, con Manuelita la tortuga.

Liège dijo...

¡Qué bonito!
La actividad debe de haber sido muy divertida e interesante.
Me gustan las fotos.
Besos.

Sergio dijo...

Dobry wieczór a vosotras; gracias por la deliciosa crónica.

Lucía Martínez Odriozola dijo...

A mí lo que me sorprende es lo bien que cuentas. Y me encanta.

Cris dijo...

Hola Joana!!!:
Me ha encantado verte tan artista como eres...te echamos mucho de menos... ya te mandaremos fotos nosotros tambien de la fiesta de fin de curso ¿vale?
Tu "seño" Cris